 |
"¿Querés uno?" Además de cumplirle el sueño de tener unos anteojos y tras revisar a Patricia, el oftalmólogo David Flikier le imprimió unos sellitos en sus brazos, ahora delgados por la quimioterapia. Abelardo FONSECA/Al Día
|
"Mami: el pelo no importa..."
Fiesta navideña a niños con cáncer Sylvia ALVARADO MARENCO salvarado@aldia.co.cr
Unos anteojos. Eso fue todo lo que respondió Patricia Aráuz, de 8 años, a quienes conforman el comité de deseos de la Asociación Lucha contra el cáncer infantil.
Eso respondió cuando le preguntaron qué regalos le pediría a "Santa" esta Navidad.
Patricia, vecina de Cañas Gordas, en la Zona Sur, cumplió ayer 2 meses de estar en el albergue, a pocos metros del Hospital Nacional de Niños, donde pasó 18 días en Cuidados Intensivos y le han aplicado cinco sesiones de quimioterapia para combatir un tumor en el tórax.
Por unas horas, sus ojitos volvieron a llenarse de brillo cuando visitó el consultorio del oftalmólogo David Flikier.
Él y el optometrista Luigi Semeraro la revisaron con la última tecnología, pero concluyeron que tiene una visión 20/20, o sea perfecta. Como para la coquetería no hay cura, Patricia salió caminando con sus ansiados lentes, sin una gota de aumento.
 |
Rancherita Patricia pasó y pasó el dial de su nueva grabadora hasta encontrar una pieza ranchera que hasta le sacó sonrisas. Abelardo FONSECA/Al Día
|
Vale más la vidaPatricia, quien ayer cubrió su cabecita rapada con un sombrero, ahora pesa 20 kilos, luce una cicatriz en el cuello, por una reciente biopsia y camina con dificultad porque le duelen las rodillas.
Pero su ánimo es de hierro. Superó una varicela que contrajo en Cuidados Intensivos y no ha sucumbido ante los mareos y vómitos propios de la quimioterapia.
Su madre cuenta que cuando le dijo que se le iba a caer el pelo, Patricia le respondió: "¿Qué importa el pelo?, vale más la vida".
"Dios y ella son los que me dan fuerzas. Demoré tres días sin animarme a verla porque estaba entubada y casitico se me muere", dijo su madre.
Patricia es una de los 50 niños, de zonas rurales o bajos recursos, entre los 0 y los 15 años, que, en promedio, pasan, semanalmente, por las 12 habitaciones del albergue.
Desde noviembre, Kathy Margules, Paulina Mejía y otras señoras, marcadas por haber sufrido el dolor del cáncer en el seno en sus familias, se dieron a la tarea de cumplirles sus deseos.
Ayer, Patricia, quien ya está aprendiendo a leer "rápido" en la escuela de Cañas Gordas, sonrió mucho cuando además recibió collares, pulseras y aretes, pues sueña con ser modelo y cantante. Por eso, no resistió la grabadora que le regalaron, en la misma clínica oftalmológica.
Aunque es poco probable, ella y su madre, María Esther Pimentel, añoran volver a su casa para Navidad y dejar atrás la capital que conocieron hace apenas dos meses.
|