San José Costa Rica. Edición del 14/agosto/2005. Ir a Al Día
 

Marisol Soto

Señora bonita

Gabriela Solano

En noviembre de 1995, un jurado dictaminó que Marisol Soto era la señora más bella del mundo.

Hoy, igual de linda que hace una década, la exreina se enfrenta a nuevos retos personales y profesionales con mucho optimismo.

"La belleza para mí es parte de un todo; si tu alma está bien entonces tu físico se verá bien"

"Mis hijas son mi todo, estoy enamorada de ellas desde que nacieron, son mi fuerza"

Además:

  • Bautizada en el Jordán
  • En su cara nunca falta la sonrisa, una de las armas que empuña para enfrentarse a las adversidades.

    Se define como una persona tranquila y asegura que su peor defecto es ser impulsiva.

    Después del divorcio (estuvo casada durante diez años), la también expresentadora de tele se encuentra en el camino de la recuperación sentimental.

    Afirma sentirse dueña de sí misma y está mucho más unida a sus hijas Marianne, de 8 años, y Nicole, de 6.

    "Estoy llenándome de Dios, retomando viejos amigos y trato de mantenerme positiva para que todo salga bien", dice con el rostro iluminado mientras oye a las niñas reír fuera de la casa.

    "Estoy enamorada de ellas desde que nacieron, son mi fuerza", afirma. Y se nota que, efectivamente, así es.

    Las verdaderas reinas

    El buen humor la acompaña y en sus hijas tiene un gran apoyo: por ellas vive, respira y trabaja. Las niñas son, sin duda, las reinas de la casa.

    Con ellas va al supermercado, organiza fiestas de pijamas y hasta "se apunta" al karaoke.

    Las pequeñas heredaron de la madre la pasión por viajar y la madre de las hijas el uso de pulseras y hasta de prensitas para el cabello.

    Aunque no escatima dinero cuando se trata de comprarles algo, Marianne y Nicole son, a la vez, quienes le ponen el freno al bolsillo de la exmiss.

    La cercanía con las niñas la ha llevado a hacer amistad con el reggaetón aunque prefiere a artistas como Dido, Alejandro Fernández, el dúo Sin Bandera y Alejandro Sanz.

    Los niños le fascinan; tanto que le habría encantado tener por lo menos seis hijos. Ese deseo maternal sigue vivo, pero por el momento es un sueño. Solo el tiempo dirá si se convierte en realidad o no.

    Amor con la puerta abierta

    Tras la separación quedaron pendientes algunos aspectos emocionales. Uno de ellos es encontrarse consigo misma. Por eso se encuentra trabajando la parte interior.

    "Lo más importante es cultivar el espíritu", dice. Quizá a eso le debe que se siente viviendo una etapa de renovación.

    ¿Y todavía cree en el amor?, le preguntamos. Antes de responder titubea, pero se anima y dice: "Al amor nunca hay que cerrarle las puertas. Uno no sabe las sorpresas que le tiene preparadas el futuro; pero por el momento no estoy interesada en galanes, solo quiero tener buenos amigos".

    En el plano familiar, cuenta que adora a sus padres, de quienes admira la dedicación al trabajo. Ambos son comerciantes y eso fue lo que permitió que, siendo una familia humilde, sus miembros lograran forjar un futuro estable.

    Al hablar sobre los años de la niñez recuerda: "Mi infancia muy feliz. Era una niña tranquila y procuraba no dar problemas. A mi mamá le ayudaba en la tienda de ropa que tenía. Ella fue, y es, mi mejor amiga".

    La niña le dio paso a la adolescente que, como muchas de su edad, iba a las tardes juveniles en los salones de patines Music y en el centro comercial El Pueblo, dos de los lugares más populares entre los muchachos de los ochentas.

    Aferrada a la fe

    Marisol es católica; fue su madre, Rosalba Alarcón, quien le alimentó la fe con el ejemplo.

    Hace más de veinte años, ella vistió el hábito de la Virgen del Carmen para pedir la llegada de un segundo hijo. El milagro fue concedido y nació David, hermano de Marisol, que hoy tiene 23 años.

    La fe de nuestra única Señora Mundo también está puesta en Dios, la Virgen y el Divino Niño, como buena hija de colombiana.

    Cada año cumple una promesa y viaja desde San Pedro de Montes de Oca hasta la basílica de Los Ángeles para ver a "La Negrita"; por eso este 1 de agosto la vimos, como si nada, rumbo al altar de la patrona nacional.

    Que venga el futuro

    Marisol estudió administración de empresas y desde los 22 años puso en práctica lo aprendido.

    Tuvo una tienda donde se vendían artículos de cuero, distribuyó perfumes y más tarde vendió bisutería colombiana.

    En agosto del 2003 debutó en la revista "Cómplices", que se transmitía por canal 11, de Repretel.

    La experiencia con el gran público le gustó, y dice que le agradaría regresar a la pantalla chica, pero sólo si se tratara de una buena oportunidad para desarrollarse en campos que le gustan mucho, como moda, belleza y familia.

    Y aunque la tele le agrada, el trajín no le permite verla mucho. Eso sí, no se pierde la serie "Esposas desesperadas" por una razón: "¡Me identifico con todasss!", explica.

    Diez años después del gran alegrón que le dio saber que era la Señora Mundo, Marisol tiene la agenda repleta de proyectos que pretende concretar pronto o a mediano plazo.

    Trabaja como relacionista pública de la marca de productos Issue, pero con la mira puesta en el futuro.

    Tiene abierta la posibilidad de negociar la instalación en el país de un restaurante extranjero y reactivar la franquicia del certamen Señora Mundo (uno de los premios de 1995) y organizarlo en el país.

    Además, ya en un plano más cercano al de las aficiones, pretende estudiar actuación, algo que siempre le ha gustado.

    Está tan convencida que, afirma, lo hará aunque "deba esperar a cumplir los 50 años".

    Oiga esto

    Nació

    El 12 de diciembre, de 1972.

    Familia

    Sus padres son Rodolfo Soto y Rosalba Alarcón.

    Le encanta

    lucir ropa elegante.

    Si fuera postre

    sería un "cheese cake" y le gustaría que se la comieran a veces rápido y otras a pedacitos.

    Restaurantes

    Crepes y Wafles (Colombia) y Tony Romas.

    Está delgada

    a puro corre corre.

    Está leyendo

    libros de superación personal.

    Cuando está triste

    se levanta el ánimo oyendo salsa.

    La conquistan con

    una serenata.

    No tiene cirugías

    pero le gustaría hacerse los senos en el futuro, solo que teme morirse en la operación.

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    Foto: José Rivera. Maquillaje de Marisol: Andrés Sanabria

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    Trío dinámico.
    Es mamá y amiga de sus niñas, Marianne y Nicole.

     




    Bautizada en el Jordán

    Gabriela Solano

    La final del Señora Mundo de 1995 fue en Israel, y hasta allá fue Marisol con el corazón lleno de ilusiones.

    Hoy, además del triunfo, recuerda con mucha emoción el viaje por sitios tan llenos de historia y significado.

    Conoció el río Jordan y se bautizó en él, fue a Jerusalén y se trajo tierra de allá, que hoy conserva con gran cuidado.

    "Para mí el hombre ideal es aquel que cree en Dios, ama a su familia, es honesto y sabe perdonar y respetar"

    Los triunfos de Marisol en el campo de la belleza podrían hacer pensar que ella se mor´ía por ser reina, pero la verdad no. Su incursión en el mundo de las coronas y el glamour fue casual.

    Un día, mientras paseaba con su madre y su abuela materna por la Avenida Oriental, en Colombia (tierra de su mamá), una señora se le acercó y le propuso entrar a su escuela, donde asistían futuras reinas. Ella aceptó con la condición de recibir las lecciones solo durante las vacaciones colegiales de tres meses.

    Así fue como empezó el ir y venir a la tierra de sus ancestros. En poco tiempo estaba desfilando y haciendo comerciales aquí.

    A los 18 años, cuando estaba en una reunión con Luana Freer (exMiss Costa Rica) y sus amigos estilistas Gerardo Barrantes y Marvin Sing, surgió algo que jamás había considerado: participar en Miss Costa Rica. Lo hizo y obtuvo el título de Miss Costa Rica Mundo.

    De aquel primer encuentro con los concursos conserva su corona y buenos recuerdos, porque el premio en efectivo lo donó a unas escuelas de escasos recursos en Sarapiquí.

    A ese certamen siguieron otros como Miss Internacional, Miss América y, claro, Miss Mundo. En algunos fue coronada virreina y en otros fue finalista.

    Poco después de entregar el cetro nacional decidió casarse y cumplir su sueño más preciado: tener hijos.

    En 1995, de nuevo por insistencia de sus amigos, compitió. Esta vez se hallaba en juego la corona de Señora Mundo Costa Rica, a la cual aspiraban otras 90 damas. Lo demás lo sabemos.

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    Ganadora.
    La imagen radiante de la belleza costarricense, con banda y corona.JOSÉ RIVERA

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    / Al Día

     
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