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Alitas y Cerveza

Leonardo Pandolfo, fiel seguidor del tenis, el béisbol y sobre todo del baloncesto y el fútbol americano.

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Al final el adagio se cumplió: Las ofensivas venden boletos, las defensas ganan campeonatos.

Manual para ganar un Super Bowl

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FOTO: AP

Los Seahawks demostraron en el Super Bowl XLVIII que para ganar una final lo más importantes es no olvidarse de los fundamentos de cada deporte. No hay que hacer nada extraordinario, es solo volver a lo básico y ejecutar como lo dice el librito.

El campeón de la conferencia nacional puso en práctica lo que parecía ser como un manual de instrucciones sobre cómo noquear al rival en el juego por el título.

En los orígenes del futbol americano la principal batalla durante un juego se daba en lo que llaman las trincheras. El duelo de la línea ofensiva –su función es proteger al mariscal de campo y abrir espacios para el juego terrestre- y la línea defensiva –que busca presionar al mariscal de campo rival y frenar al corredor-.

Ese enfrentamiento fue claramente ganado por los Seahawks, quienes hicieron ver a la línea ofensiva de Denver como una gelatina, en la que penetraron una y otra vez para cortar el avance de Knowshon Moreno y también para presionar a Manning y forzar las dos intercepciones y el balón suelto que tuvo el legendario mariscal de campo.

Otro fundamento que dominaron como lo dictan los cánones fue el tacleo. Los Seahawks fueron certeros a la hora de golpear y detener los avances contrarios. Para esto fue vital que cada jugador defensivo parecía la sombra del corredor o receptor rival.

Cada vez que un jugador ofensivo de los Broncos trataban de avanzar con el ovoide, tenía cerca al menos a un adversario que no le permitía pensar y cuando trataba de moverse ya venía el golpe que lo tumbaba a él o al balón.

Y lo más importante, los Seahawks vapulearon en mejor indicador en estos partidos: las pérdidas de balón. Ellos no entregaron el ovoide en ninguna ocasión y forzaron cuatro –dos intercepciones y dos fumbles-.

La mejor ofensiva de la NFL se vio como un grupo de novatos que jugaban por primera vez juntos, ante la mejor defensiva, que sí lució como tal.

Al final el adagio se cumplió: Las ofensivas venden boletos, las defensas ganan campeonatos.

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