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Baldazos

Eduardo Baldares, narra fútbol, béisbol, baloncesto y transmitiría ping pong con tal de relatar, su gran pasión...

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Futbol Nacional

Brumosos ofendidos

FOTO: Meyllin Aguilera

El pasado domingo, cuando Eduardo Valverde anotó en el Estadio Ricardo Saprissa, corrió a celebrar hacia Sombra Este y fue evidente en las tomas de televisión que fue objeto de enardecidos insultos por parte de un grupo de seguidores morados.

Pero nadie dijo nada. Ni el propio jugador brumoso.

Durante el partido de ida de la final del Verano 2013, en el Eladio Rosabal Cordero se entonó, una y otra vez, el estribillo "Huele a muerto, Cartago huele a muerto, Cartago huele a muerto".

Inclusive, muchas veces la voz del megáfono fue la que empezó el coro con un "Huele a...", dejando que los hinchas locales siguieran con el resto, en evidente burla al grito de guerra cartaginés, "Vive, vive, Cartago vive".

Tampoco se generó ningún tipo de reacción mediática.

El asunto viene al caso, porque los medios de comunicación somos también parte del show, y como tales, corresponsables de los hechos, buenos y malos, que sacuden el mundo del "fut".

De ahí que llame la atención la cobertura diferenciada que se les da a los hechos, dependiendo del escenario y de los actores.

Waylon Francis es insultado por un grupo de seguidores brumosos en el último Cartaginés 1 – Herediano 1, y –con justa razón– se hace pública la molestia, pero pocas semanas después, Eduardo Valverde es acribillado a insultos en el Estadio Ricardo Saprissa y no pasa absolutamente nada.

Directivos florenses se quejan por el mal trato que reciben en el Estadio "Fello" Meza y el eco retumba como estallido del Irazú, pero se entona "Huele a muerto, Cartago huele a muerto" y no se escucha nada al respecto.

Hay que ser cuidadosos e igualitarios, porque, indirectamente, y de seguro sin intención, se cultiva la violencia con estas omisiones y/o trato diferenciado.

En el ojo del huracán, hay una afición sensible, quizás hipersensible, que lleva más de siete décadas soportando burlas y agravios, al punto que ya parece haberse "normalizado" la agresión contra ella, mientras que, cuando ocurre a la inversa, , y son sus hinchas los que estallan, sí se lanzan series de artículos, análisis, reportajes y demás en tono crítico.

Así las cosas, se sienten cada vez más heridos. Humillados por las otras aficiones. Maltratados por los arbitrajes en las instancias finales y, para colmos, afectados por los medios de comunicación.

Cuidado. Cuando el ser humano o el colectivo se siente agredido, tiende a reaccionar. A veces mal.

¿Qué podemos hacer? En lo que nos compete, como medios, ser igualitarios. Si criticamos que se ofenda a un jugador o a una institución por la razón que fuere, hagámoslo siempre, sin importar de qué club es la afición agresora. No hagamos excepciones de acuerdo con la popularidad del equipo.

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