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Baldazos

Eduardo Baldares, narra fútbol, béisbol, baloncesto y transmitiría ping pong con tal de relatar, su gran pasión...

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El DT Jorge ‘Bora’ Guimaraes

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FOTO: /Foto: AP

Se vale soñar. Se vale despertar y ver que el sueño se vuelve realidad. ¡Sí se puede! Costa Rica tiene con qué liarse con los grandes del mundo. Lo demostró en Brasil, donde se despidió en cuartos de final e ¡invicta!

Como el labriego sencillo labra su pródigo suelo, Costa Rica puede extraer frutos todavía más jugosos, si aprovecha bien las experiencias cosechadas. Y siembra. El técnico que la pilotee (ojalá siga Jorge Luis Pinto) tiene que convertirse en un híbrido, en sí mismo, como estratega, de las mejores virtudes de todos quienes nos dirigieron en los mundiales. Debe depurar, además, un ojo de halcón más sofisticado que el de la misma FIFA, capaz de detectar los nuevos talentos, estén donde estén, para acorazar el Talón de Aquiles, que siempre lo hay. De "Bora" Milutinovic, la ciencia.

La claridad de la elección y la defensa, contra viento y marea, del perfil idóneo para cada puesto, sin importar el qué dirán, sin incurrir en ese vicio tan tico del "pobrecito"; también, la sapiencia para girar el timón en el momento oportuno...

Inolvidables los ingresos de Medford y Guimaraes contra Suecia. El carisma, la capacidad de voltear los reflectores hacia él, para así librar de presión al equipo. De "Guima", la poesía. Su visión ofensiva del juego, su confianza en el talento nacional. Cómo olvidar el "Aztecazo", los dos goles a Brasil, los dos goles a Alemania. Extrajo petróleo de la generación dorada de creación y gol: Centeno, Wilmer, Wanchope, "La Bala", Fonseca, Sunsing, el crepúsculo de Medford. Lástima que no tuvo un Gabelo o un Keylor...La cobija no les alcanzó para cubrirse completos. "Bora" se tapó los pies, la defensa fue fortín; el área, terreno minado, pero le faltó constancia al ataque. En cierta forma, dejó la cabeza al descubierto.

A la inversa de Guimaraes, que atacó más y mejor, creó muchas opciones de gol, pero dejó el talón a la intemperie, y por eso le clavaron allí cinco lanzas los brasileños, cuatro los teutones y tres más los ecuatorianos. Ciencia y poesía, la mezcla perfecta. Pinto hizo la mejor amalgama de la historia (hasta el momento). Una muralla, con un clon mejorado de Conejo, una contención de lujo, con recuperación y salida, pero quizás el único "pero" fue el volumen del medio hacia arriba, principalmente en los partidos de octavos y de cuartos, contra Grecia y Holanda, respectivamente.

Por supuesto que influyeron los minutos arrastrados, el mayor estudio de los rivales y la presión de esas instancias, pero, igual, ¿se imaginan a un equipo que defienda como en Brasil 2014, pero que ataque como en Corea-­Japón 2002? Sí llega a semifinales y ¡sí se puede construir! La meta del siguiente proceso debe ser esa.

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