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Baldazos

Eduardo Baldares, narra fútbol, béisbol, baloncesto y transmitiría ping pong con tal de relatar, su gran pasión...

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Ver a las chicas de nuestra selección Sub-17 entregarse en cuerpo y alma, llorar la derrota sin quitarse las botas, sin claudicar ni dimitir al sueño del gol, durante los 90 minutos, sin importar el primero ni el segundo ni el tercer contraste, fue edificante.

Lo bueno, lo malo y lo feo

FOTO: Meylin Aguilera

Luces y sombras, claroscuros. Amplia gama de grises en el fin de semana. Deslumbrados y en penumbra, todo a la vez. Es el futbol, como la vida misma.

Como la pirotecnia alucinante de los actos inaugurales, la atmósfera mundialista nos hace respirar un aire positivo, juvenil y esperanzador.

Ver a las chicas de nuestra selección Sub-17 entregarse en cuerpo y alma, llorar la derrota sin quitarse las botas, sin claudicar ni dimitir al sueño del gol, durante los 90 minutos, sin importar el primero ni el segundo ni el tercer contraste, fue edificante.

¿Rendirse? ¡No! ¿Renunciar? ¡Jamás! Por supuesto que es importante llegar a la otra orilla (los cuartos de final), pero también lo es disfrutar del viaje, por más revueltas que se pongan las aguas. Hay que remar y remar, motivarse, ayudarse, creer y crecer, dar la pelea hasta el final. Y, en eso, se lucieron nuestras jugadoras, con la ayuda del monstruo de 35.000 gargantas, que nunca bajó sus 70.000 brazos en la noche mágica del sábado.

Ver a la nueva "Shirley Cruz", Gloriana Villalobos, ¡de solo 14 años!, burlar rivales recorriendo la banda derecha como en cuerda floja, burlando zarpazos, zancadillas, barridas y demás artillería venezolana, fue descubrir que tenemos a nuestra propia "Mia Hamm", a la sucesora de la brasileña Marta en ciernes. ¡Esa chica conduce la bola sobre un tendedero de ropa y no se cae!

Lástima las palabras del técnico Juan Diego Quesada, al final, descalificando el futbol de las venezolanas, tildándole de "vergüenza".

No, don Juan Diego. Las chicas vinotinto jugaron bien, con colmillo, cerrando filas, reteniendo balón, ganando la línea de fondo para atraer a nuestras centrales como imantadas hacia la bola, para pasar hacia atrás y liquidarnos con el llamado "pase de la muerte".

Ciertamente, intimidaron, blandieron psicología, hicieron tiempo, metieron cuerpo, aprovechándose de su ventaja física. Recursos, todos, válidos en el planeta futbol y de los que usted, señor Quesada, lejos de renegar, debería de aprender. Hay que saber perder.

Del cenit al crepúsculo. Y del ocaso a la penumbra. Entiéndase, del mundial, al torneíto local, donde, una vez más, un grupúsculo de seguidores blanquiazules escupió las atroces balas del racismo.

Empero, aquí también se filtró la luz. Esta vez, una inmensa mayoría de seguidores cartagineses se fusionó contra los malos y los hizo callar. Ahora falta que la dirigencia brumosa actúe con firmeza, identifique a los ofensores y les cierre para siempre las puertas del "Fello" Meza, aceptando, de paso, la justa sanción que impongan las autoridades a este escenario signado por la reincidencia.

[Columna publicada el martes 18 de marzo de 2014]

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