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Baldazos

Eduardo Baldares, narra fútbol, béisbol, baloncesto y transmitiría ping pong con tal de relatar, su gran pasión...

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Baldazos

Hasta pronto

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Dios mío, cómo extrañaremos tan magnífica gastronomía periodística, suculenta de miércoles a lunes, la sopa de letras diaria que siempre nos supo diferente, a la sazón de cada chef y su recetario personal.

El de los miércoles, un platillo amado por los futboleros, que lo esperábamos voraces. Fino, bien elaborado, preciso como reglamento legal, pero polémico cual juicio, siempre nos satisfizo. Argumentado minuciosamente, se podía coincidir o no con él, mas nunca quedamos hambrientos de razonamiento, pues cada conclusión vino precedida de observación, inducción, hipótesis, demostración y/o refutación.

La cuchara de los jueves nos encantó tras cada bocado, párrafo tras párrafo, al dejarnos entrar muchas veces en la casa del autor y de sus allegados, permitiéndonos sentir con ellos las emociones del Deporte Rey: euforia, risas, lágrimas, cólera, frustración... Pasión. Otras veces, dramática, como la historia de aquella familia que rezaba por el triunfo del equipo del papá, quien, en caso de perder, llegaría como energúmeno a desquitarse con esposa e hijas...

Viernes de poesía, de paladeos etéreos, vaporosos. Sobre algo tan mundano como la suplencia de un futbolista, este artista de la palabra fue capaz de escribir: "Sentarlo es envolver de nuevo al diamante en su caparazón de roca, con el riesgo de perderlo". ¡Qué manjar!, un analista profundo que escarba con taladro diamantino.

Cómo extrañaré los sábados técnicos-tácticos, sistemáticos, de líneas de tres, cuatro o cinco zagueros (que son diferentes al esquema de líbero y stoppers, como bien aclaró); me harán falta las explicaciones sobre vasculación, achique, agrande, pressing y pivoteo. Esas dosis de futbol se me habían hecho vicio.

Y ni qué decir los domingos del crack, donde nos metíamos al camerino y respirábamos las vivencias tras las derrotas, empates y victorias de un emblemático legionario, tanto con clubes como con la Selección, enterándonos de cómo se mueven los engranajes allá dentro.

¿Qué haremos sin el dulciamargo de los lunes, sabroso como cajeta de toronja, mezcla de verbo gótico con salpicaduras hepáticas? Ya había sido duro dejar de leer al magnífico de los martes, don Julio Rodríguez (qdDg), un verdadero número 10 del teclado, creativo, preciso, certero, contundente, genial.

Gracias, Amado Hidalgo, José David Guevara, Danilo Jiménez, Johnny Chaves, Bryan Ruiz, Jacques Sagot y don Julio, ¡siete magníficos columnistas!

Gracias, Gustavo Jiménez y Antonio Alfaro, por armar semejante equipo, y por el honor (inmerecido) de permitirme entrar de cambio, en la etapa complementaria, en lugar de un Pelé del periodismo como el maestro Rodríguez.

A ustedes, amigos lectores, ¡gracias!... Y hasta pronto.

[Columna publicada en la edición impresa de Al Día del 25 de noviembre de 2014]

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