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Baldazos

Eduardo Baldares, narra fútbol, béisbol, baloncesto y transmitiría ping pong con tal de relatar, su gran pasión...

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Si ganamos en el Mundial, al presidente que resulte electo no lo querremos de colado en la carroza del triunfo.

Al próximo presidente...

Pasaron más de cuatro años. Descorazonado, tras la daga de Bornstein, la caída en coma y el apagón del respirador artificial en Montevideo, escribí "Preocúpese por su país, no por la selección".

Columna íntima, de un futbolero febril al borde del soponcio, con 43º de rabia contenida, la presión arterial en 200/140, tras quedar fuera Costa Rica del Mundial 2010.

Texto de auto curación. De catarsis y paliativo. Procuraba convencerme de la sandez de mi depresión, aplicándome elevadas dosis de realidad.

"¿Qué importa si Celso tendió bien o no los puentes entre la defensa y la delantera, cuando en el país se están cayendo puentes de verdad, por falta de mantenimiento?", me pregunté entonces.

"¿Qué relevancia tiene que Bryan Ruiz no haya sido bien alimentado por la media cancha, cuando muchos de nuestros niños y niñas pasan hambre?", seguí y seguí, minimizando la deserción de Ledezma, comparándola con las deserciones escolar y colegial, trivializando la debilidad de la zaga, poniéndola a la par de la inseguridad ciudadana, etcétera, etcétera.

Debo ser consecuente. Hoy, aunque me froto las manos y se me aguan los ojos vislumbrando la hazaña, ni más ni menos que mejorar la gesta de Italia 90, ¡debo ser consecuente!

Claro que quiero disfrutar la fiesta de Brasil, pero, por más que Navas deje en cero a Suárez, Balotelli y Rooney, aunque Joel se burle de Muslera, aún si Bolaños humilla a Buffon y Gamboa se mofa de Joe Hart, no me voy a fumar la cortina de humo, esa que expelen los gobiernos entrantes para hacerle goles al pueblo.

Así como aquella vez le resté relevancia a la eliminación, subiéndola a la balanza junto con los problemas nacionales, hoy quiero que los temas importantes se mantengan ahí, en la cancha, de titulares y con los reflectores encima.

Ningún golazo de Saborío me va a quitar la preocupación por mi futura pensión y el sistema de salud con que contarán mis hijas.

Que Bolaños le quiebre la cintura a Diego Lugano, me importa un bledo si quiebra la Caja.

Que Yeltsin haga pases electrizantes, me vale un pepino si se apaga el ICE. Que la "sele" progrese, en suma, me es indiferente si no se aplica, como tiene que ser, la tributación progresiva.

Entonces, si ganamos, al presidente que resulte electo no lo querremos de colado en la carroza del triunfo. Y, si perdemos, tampoco haciéndose el compungido. Lo querremos trabajando, al pie del cañón, dándole vuelta al marcador de las problemáticas nacionales. Sin claudicar, sin dimitir, luchando hasta el final, por más difícil que se ponga el partido.

Y, de verdad tenemos fe que así será.

[Columna publicada en la edición impresa de Al Día el martes 1° de abril]

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