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Columna de opinión

Eva sí sabe de futbol

Mientras las féminas se ven asentadas en el campo, concentradas en la ejecución de sus tareas, entregadas por entero en la misión de ganar los juegos, los hombres tienden a distraerse en demasía por detalles sutilmente femeninos.

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El futbol tico padece de un síndrome igual de extraño: Las mujeres, que lo juegan desde poco tiempo atrás, parecen tener más claros los conceptos y las claves en su ejecución. Y los hombres, muy raro también, tienden a preocuparse más que las damas por detalles que eran monopolio del reino de las Evas.

Así, las futbolistas han conseguido éxitos muy superiores al de los varones, tomando en cuenta las condiciones, apoyo y organización de su liga. Shirley Cruz, una aventurera en París, logró lo que todo jugador soñaría: Ser campeona de la Champions. Y no una, sino dos veces.

Ella ha sido el símbolo de una generación de jugadoras que, contrario a la masculina, florece con el tiempo y ve germinar nuevos pinos con aptitudes cada vez más afinadas. El futbol femenino crece e ilusiona, mientras el de los hombres no sale de la crisis generacional que significó la partida de los Mundialistas del 2002 y 2006 y el recuerdo lejano de los “italianos”.

Hay más jugadores en Europa y el resto del mundo, pero no crece el rendimiento ni de los equipos locales ni de la Sele. Esta última se convirtió en un carrusel, en el que se han montado y bajado igual de rápido una multitud de futbolistas en los últimos 6 años, sacudidos por la irregularidad de unos días de buen futbol y la subsiguiente sequía de malas noches en el campo.

Mientras las féminas se ven asentadas en el campo, concentradas en la ejecución de sus tareas, entregadas por entero en la misión de ganar los juegos, los hombres tienden a distraerse en demasía por detalles sutilmente femeninos: el pelo que no se acomoda, la camiseta que no talla bien, la pañoleta que se cae en media jugada y libera la cabellera rebelde, la muñequera desajustada, y el ritual del baile que, se nota, ha llevado horas de práctica en su ejecución. Lo malo, y reprochable, es que el campo de futbol se haya convertido en la pasarela para exhibir esas preocupaciones estéticas de los varones modernos.

Las mujeres, al menos las que hemos visto en los últimos Juegos Centroamericanos, han demostrado que – sin dejar de ser femeninas- no pierden el tiempo en vanidades ajenas al contexto. Tienen claro que el salón de belleza está en el “mall “y que la cancha no es lugar para exhibir la cabellera o el rojo de las uñas.

Se amarran el pelo con una cola y se dedican a jugar al futbol, con disciplina táctica y compromiso grupal. No pierden el tiempo fingiendo faltas, no hacen el ridículo de estar abrazando a las rivales en el área para, cuando viene la pelota, soltar la marca y permitir el gol rival.

No pelean con el árbitro y ya para rematar, lloran menos que los súper machos que solo les falta morderse la mano cuando tienen que saludarse al inicio del juego. Las damas no hacen ostentación de nada, solo se dedican a jugar. Disfrutan el futbol y saben jugarlo… Por eso han progresado.

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