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MAGNÍFICOS

El oráculo de un bateador

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Una de las consecuencias de tener esta ventana en un periódico nacional es que algunos amigos o conocidos te ponen en apuros de vez en cuando. Te preguntan cosas como si pudieras adivinar el futuro o como si el futbol fuese una ciencia y quienes escribimos de él unos genios en la rama. Ni una ni otra. En este deporte, como en cualquier otro, las estadísticas y números son apenas anécdotas, la lógica es una invitada ocasional, y tiene más ciencia el milagro resucitador que produce una bolsa de agua en la cabeza del lesionado que cualquier otra situación del juego. Así que es más fácil pegar el gordo de la lotería que una quiniela futbolera. Por eso no es un asunto vergonzoso reconocer total ignorancia en este ejercicio en el que te meten los lectores de adivinar lo imposible, sobre todo en un país como este, cuyo futbol tropicalizado tiene como ingredientes primarios la inconstancia, el altibajo, el factor motivacional… y los malos arbitrajes.

Para salir de apuros, y no tener que echarme todo este rollo ante mi interlocutor, he adoptado una salida más cómoda. Si el que pregunta por el ganador del próximo torneo es liguista, pues su Liga será campeón. Al saprissista le digo que llegó el despertar del Monstruo. Al herediano lo conforto con la tesis de que el monarca siempre es el favorito. Con el Cartago me cuesta un poco, pero apoyado en su última campaña, le contesto que su experiencia reciente le servirá para no cometer los mismos errores. La torta es cuando el preguntón es de otro equipo. Endulzarle la oreja con una mentira de tal nivel no está en mí, aparte de que tampoco me tomaría en serio si le digo lo que no tengo que decirle.

En estos casos, salomónicamente, es mejor hablar de los favoritos para meterse a la segunda fase y allí, sí, es posible empujar a su equipo como candidato a la muerte súbita, aunque lo más seguro es que su muerte sea en el camino. No es un acto de cobardía. Faltaba más. La verdad es que el bateo no se me da muy bien y, para evitar que me ponchen en la inicial, me robo la base con esa gambeta que no es legal ni ilegal.

¡No es mi culpa, sino del futbol!. Si en el marcador se viera siempre reflejada la mayor posesión de pelota, la cantidad más alta de llegadas a marco rival, el porcentaje más elevado en visitas al área rival, me echaría al agua sin salvavidas, apoyando en los dictados de la razón y no en los anhelos del corazón de quien pregunta. Ahora que ya he revelado este terrible secreto, he de aclarar que esa postura medio veleta es para con quienes me preguntan a boca de jarro, como si fuera un tiro de gracia, y no me dan tiempo ni de pestañear mi ignorancia. Aquí, volcado sobre la computadora y esperanzado en que me lean muchos más que esos cuatro gatos que me preguntan como si yo fuera el dios del Oráculo, tengo que responder con seriedad. El campeón será… Uno de los cuatro que pase a la segunda ronda.

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