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MAGNÍFICOS

De esclavos y mercaderes

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Diego Romero, psicólogo y amable lector, me sugiere algunos temas. Cita, por ejemplo, el de la esclavitud moderna del futbolista, sometido a un sistema de compra y venta en el mercado internacional. “Se perdió el ídolo de un equipo, ante mercenarios y botineros”, dice. Y tiene razón. Tal vez mercenarios sea una palabra gruesa e injusta para las pretensiones de quienes sueñan con resolver sus problemas económicos por medio del regalo divino derramado en sus piernas. Pero es cierto que en muchos casos el gusto por la pelota se queda en algún lugar del camino, atorado por el sabor agridulce de los euros, que se convierten en el dios supremo de ese mundo futbolero. Carlos Tevez, por ejemplo, dejó de ser el “apache” de un mísero pueblo argentino, para ser una luminaria en el Boca Juniors, pero poco tiempo después emigró al Corinthians brasileño, dio el salto al West Ham inglés, pasó al Manchester United, jugó con el City y acaba de recalar en la Juventus. Y apenas tiene 29 años.

Posiblemente su corazón se quedó en el barrio de Boca, cerca de su gente y de sur orígenes como jugador descalzo, motivado por la ilusión infantil de juguetear con la pelota y disfrutar de su endiablada habilidad para convertir goles. Aunque ha ganado todo en los clubes donde participó, la falta de arraigo lo convierte en algo así como “un polaco” del futbol, que va entregando a cuotas y a pagos sus dosis de talento, desatando amoríos pasajeros en las gradas, sin dejar huellas indelebles, sin pactos de amor a largo plazo. Radamel Falcao, “ El Tigre” colombiano que podría estar en cualquiera de los grandes clubes europeos, o perpetuar su condición de ídolo colchonero en el Atlético de Madrid, se fue al Monaco, el quinto club de su carrera, bajo el embrujo de 60 millones de euros. El equipo francés está lejos de darle las glorias que podría obtener en el Madrid, Barcelona, Manchester o Bayern Múnich.

En Tiquicia, guardando las enormes diferencias del caso, suceden cosas peores. Los prospectos de ídolos se van pronto, en su mayoría, a un futbol “tercermundista” europeo, compuesto por ligas de tercer nivel para abajo, que buscan mano de obra barata en África y América. Muy pocos llegan o dan el salto a una liga grande, como el caso de Bryan Ruiz, Bryan Oviedo o Keylor Navas . Campbell todavía es incógnita. Los demás se dedican a hacer dinero en clubes que no compiten en el gran escenario europeo, que se quedan en el arranque de los torneos continentales, o nunca llegan a ellos. Muchos se pasman de frío en los países nórdicos y se congelan en el banquillo, acosados por el granizo, el idioma y la indiferencia de los mismos agentes que se hacen los “rusos” una vez embolsado su porcentaje.

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