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MAGNÍFICOS

Ticos gustan del chá chá chá

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Mi columna de la semana anterior, ¿Y los detractores de Pinto?, fue atribuida a Jacques Sagot. Como los duendes también parecen tenerla contra mí, por mi reiterada defensa del trabajo del técnico nacional, le declaro la guerra a los traviesos liliputenses que se han infiltrado en mis columnas y vuelvo sobre el camino andado. Dije que la prensa, con excepciones, quedó mal parada en el análisis del trabajo de Pinto y, al final, no tuvo más remedio que subirse a la carroza, acudiendo a argumentos cantinflescos para no reconocer su derrota. Por ejemplo, que el éxito del colombiano radicó en oír a sus críticos y deponer algunas actitudes intransigentes.La verdad es que don Jorge Luis ha sido un terco de principio a fin y es esa característica la que le hizo subsistir y triunfar en un medio de “acomodados” y “veletas”. Solo quien está seguro de lo que hace es capaz de asumir una posición así, a costa de que algunos líderes del equipo pidan su salida por ponerlos a trabajar muy duro, o la prensa lo juzgue con especial rudeza por no parecerle simpático o accesible. Pero quiero concentrarme en los fanáticos, con quienes tuvo una relación tensa y que si bien hoy lo apoyan en mayoría, aún hay un sector que descalifica su trabajo. En una emisora radial tuvo un altercado al día siguiente de la clasificación con un fanático que, a todas luces, parecía contrariado por el éxito de Pinto.Y aunque el seleccionador se equivocó en el intercambio verbal, es necesario apuntar que la actitud del aficionado es una muestra representativa del tico como seguidor de futbol: cada uno se siente entrenador, se cree mejor preparado para dirigir al equipo de sus amores y es un fanático resultadista, que abandona las gradas en los malos tiempos y no le importa chiflar, madrear y hasta agredir a sus “ídolos” si no obtienen buenos resultados o nos les dan el futbol de su gusto. Recuerdo con tristeza la desbandada de aficionados ticos en el tercer partido mundialista en Alemania, frente a Polonia, donde vendieron y hasta regalaron sus tiquetes para irse de compras, mientras los polacos montaron una fiesta digna de un finalista de la Copa, aunque su selección también estaba eliminada. Y eso lleva al otro gran defecto del seguidor nacional. Aunque se pasa criticando a los mexicanos por su falta de modestia, es tan engreído como aquellos. No le basta con ganar un partido a Honduras, sino que exige buen futbol y goleada, un empate en México le sabe amargo y un triunfo frente a Panamá es poca cosa si el resultado no es aplastante. ¡Como si fuéramos una potencia!Pide que en el Mundial seamos protagonistas, aunque el nivel de nuestro futbol es pobre, tenemos una liga menor deficitaria y estamos lejos de las grandes potencias. Añora el futbolito de sus glorias de antaño, balompié bonito pero intrascendente con el que estuvimos exiliados del mundo futbolero hasta 1990. Olvida que Bora armó un equipo defensivo y al contragolpe para darnos la gran alegría de jugar un cuarto partido mundialista. Le gusta el chá chá chá, pero por lo visto, no entiende la cumbia.

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