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MAGNÍFICOS

¿Escuelas o mejengas?

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En la época de “El Príncipe”, “Yuba”, “Chico”, Chirimba”, “Cadaver”, “El Zurdo”, no había escuelas de futbol, o apenas eran incipientes. Ellos se graduaron en los potreros y en las plazas de pueblo, aquellas que frente a la iglesia bautizaban y bendecían a los “monaguillos” del futbol, futuros apóstoles del balompié preciosista.Sin profesores, pizarras, conos, chalecos ni entrenamientos físico- tácticos. Las mejengas hasta la muerte del sol eran la única gran enciclopedia de esos chicos, que a punta de gambetas e inspiración sacaban todos los secretos a la pelota y desentrañaban cada uno de los misterios de esa diversión que con el tiempo los vestiría de ídolos. Hoy no hay plazas ni potreros, sino escuelitas y algunas escuelas. No hay conocimiento sin “profes” y difícilmente el que no pasa por las aulas tiene opción de graduarse en la primera división, la universidad del futbol. Muchas son un gran negocio para sacar dinero a los ilusos padres, quienes cegados por el amor filial, ven en cada retoño a un nuevo engendro de Lionel Messi.

Sin embargo, de las ligas menores y escuelas serias emergen jóvenes cada vez más aptos para el futbol internacional, buenos atletas, con mejor entendimiento táctico, disciplinados y con un buen biotipo para participar en las grandes canchas del Mundo. Pero cada vez menos preciosistas, con menor manejo de la pelota, más alejados de aquellos artistas del futbolito de antaño. Muchos aficionados, y algunos técnicos, claman por los tiempos idos y por aquellos nombres entrañables, ligados al espectáculo, los “túneles”, “sombreritos”, gambetas, “chilenas”, “paredes” y un “tiqui tiqui” que desataba los delirios del respetable. Entonces la pregunta es obligada: ¿Es nuestro futbol actual más malo que el de esas épocas? ¿ O es solo más feo? ¿ O ambas?

Lo único que se me ocurre decir es que el futbol de todo el Mundo ha cambiado. Brasil, el gran exponente del “jogo bonito”, pasó 24 años dando espectáculo sin resultados. Quiso perpetuar la época de Pelé y su “Scratch du Oro”, pero se topó con la Italia ultradefensiva que mataba en los contragolpes, la máquina alemana que nunca se rendía, o una Argentina que rodeaba a Maradona de guerreros con arco y flecha para apoyar su indescriptible talento. Le tardó muchos fracasos a la “verdeamarela” para entender que el balompié había cambiado y que necesitaba de un luchador de acero en el medio campo y de gendarmes bravucones en la defensa., en lugar de aquellos zagueros tan finos en el manejo de la pelota y en el ataque como sus mejores volantes.Así como Brasil cambió, todo el planeta cambió de dinámica y de conceptos en la ejecución de ese deporte.

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