Publicidad

Magníficos

Jugarse la vida en 90 minutos

Javier Delgado y Marvin Solano fueron expulsados de sus banquillos por aquellos que disfrutaron de los éxitos del torneo tras anterior.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Hace un año Javier Delgado rescató de las cenizas a Cartaginés y devolvió el sueño de su afición de ser campeón. La final la perdió por penales frente a Herediano de Marvin Solano, quien con pocos meses de dirigirlo, derrotó a su propio corazón y puso la bandera rojo y amarilla en el asta de todos los estadios.

Hoy, con tres días de diferencia, ambos fueron expulsados de sus banquillos por aquellos que disfrutaron de los éxitos del torneo tras anterior: Sus jugadores, afición y directiva. La ruleta de la vida futbolera disparó su tiro de gracia para dos técnicos honestos con el trabajo, pero que han sido superados en corto tiempo por la vorágine de un deporte que no perdona. Al Sheriff se le acabaron las balas, después de que dinamitó el letargo blanquiazul y desenterró muñecos con un futbol agresivo y ambicioso. Como nunca en sus últimas décadas estuvo a punto de caer la “maldición” brumosa.

Marvin se levantó de su cama de hospital, después de ganarle la batalla al corazón y pronto puso a latir el de cada herediano, convirtiendo al “Team” en el equipo de mejor rendimiento. Su pecado: No poder lo que otros, antes que él, tampoco pudieron: Superar a la Liga en las finales que dejaron celebrando a Oscar Ramírez. La guillotina, para colmo de males, cayó sobre Marvin después de una paliza en rojo y negro. Para Delgado, el adiós lo dictó el mismo equipo que, un año atrás, le robó a su Cartago la ilusión de un título esperado y añejado entre mitos, supersticiones y dolorosos episodios. La pelota, que no solo rueda en el campo verde, sino que con facilidad pone de cabeza a quienes se meten con ella, se encargó de escribir con letras torcidas el final de los dos.

Atrás quedaron los que aplaudían y compartían el orgullo de la misma camiseta, quienes celebraban los goles y triunfos de uno y otro entrenador. El Dios del futbol, al que todos le rezan por los triunfos y muchos culpan por las derrotas, señaló la salida.

Con uno y otro se ha cumplido el viejo lema de que el entrenador siempre tiene lista su valija. El aficionado es fiel al escudo y a los colores, pero de los jugadores y entrenadores hace ídolos de barro, ligados a los momentos de éxtasis, a las jornadas de gloria. Cuando éstas no llegan convierten los aplausos en silbidos, las palmas en gestos obscenos, el apoyo en salidas.

Las excusas serán muchas. Soberbio, bocón, blando, estricto, miedoso, o “polo”. Cualquiera sirve para justificar la decisión de cesar a un técnico. Pero la verdad casi siempre está disfrazada detrás de una derrota humillante, de una seguidilla de juegos perdidos y, sobre todo, de la sentencia de esa jauría que se instala en las gradas y con el dedo hacia abajo, reprueba y pide la cabeza del técnico.

Ese es el destino del entrenador. Una apuesta a la vida y a la muerte futbolera cada 90 minutos.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad