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El remordimiento de Suárez

Luis Suárez es un gran jugador, pero uno de los más grandes tramposos del futbol mundial.

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Luis Suárez es un gran jugador, pero uno de los más grandes tramposos del futbol mundial. Hace algún tiempo dije que el uruguayo era una vergüenza para el futbol latino y hoy, lejos de remordimientos por su pasado, ha mordido nuevamente la manzana del pecado futbolero. Aunque en las cadenas internacionales de futbol le llaman “Luisito” y es un jugador pequeño y con cara de “yo no fui”, el delantero del Liverpool está lejos de ser un querubín. Más bien se parece a “Mi pobre angelito”, el niño terrible experto en maldades. El domingo pasado mordió a Branislav Ivanovic, defensor del Chelsea, en el corazón del área azul. No lo vio el árbitro ni el línea y tuvieron que repetir la jugada para percibir el mordisco, porque el uruguayo es buen artista y se hizo pasar por el agredido a los ojos del silbatero.

Los ingleses, flemáticos como son, no gustan de este tipo de futbolistas. “Vampiro” y “ El Caníbal” fueron los calificativos de la prensa y afición y los mismos dirigentes del Liverpool lo criticaron duramente: “Su conducta no es propia de este equipo”, dijo el director ejecutivo del club. La nota de conducta de Suárez está en rojo. En Holanda mordió a otro rival y lo sancionaron con 7 partidos, a Patrice Evra lo insultó por su color y en el juego siguiente en su contra no quiso darle la mano y, cómo olvidarlo, mandó a Ghana para la casa en el Mundial de Sudáfrica al sacar con la mano un remate africano en el último minuto, provocando un penal que fue detenido por el arquero uruguayo. También le dio un puñetazo a un defensor chileno en el último juego eliminatorio de “La Celeste” en Santiago. No solo es un demonio goleador. También puede ser un diabólico enemigo de sus rivales, pues no tiene control de sus emociones y pierde el dominio cuando no le salen las cosas, o frente a defensas que no le dan respiro. Es de la vieja guardia de futbolistas, de los que escupen, muerden, pellizcan, insultan, En fin, de los que ensucian el futbol y no se sonrojan por ello.

Las disculpas en Twitter son lágrimas de cocodrilo y no le van a servir para que la Federación inglesa lo perdone o le dé un castigo a lo tico: “pintar una escuelita” o escribir 100 veces “no lo vuelvo a hacer”, o sacar a pasear el perro. No, una dura sanción espera al Caníbal que hoy se pasea, paradójicamente, por las mismas calles donde se paseaba el cuarteto que hizo de su música un himno a la paz y a la sensibilidad. “Luisito” tendrá que crecer a punta de golpes. Es posible que el Liverpool lo mande a volar lejos, y que ningún club inglés le permita aterrizar en su patio, temerosos todos de que en cualquiera tarde de futbol, cuando el sol europeo destelle en su cara, despierte el vampirito que habita en él y la emprenda contra el cuello del rival más cercano. Suárez nunca será un caballero inglés a lo “Sir Alex Fergusson”. Ni jugando de smoking y corbatín. Podrá recibir trofeos por su talento goleador, pero nunca un pergamino por juego limpio. Su historia en el futbol europeo estará marcada por esa dantesca escena del 21 de abril, cuando su dentadura forcejea con el brazo de Ivanovic, quien se lanza al suelo para zafarse del vampiro rojo que juega al futbol.

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