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Magníficos

Morados de impaciencia

El proceso de un equipo tico llega hasta donde el fanatismo de sus dirigentes lo permiten.

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Según la lectura entre líneas de lo dicho para justificar la salida de Rónald González, la dirigencia quería evitar una derrota ante el archienemigo. Horas después, el Saprissa de Jeaustin Campos cayó ante la Liga de Óscar Ramírez, con un resultado que era previsible.

Ni la destitución de Rónald ni la llegada de Jeaustin evitó la caída morada. Entonces, ¿por qué despedir de esa forma al técnico que apenas meses atrás le dio el título 30 a un Saprissa que pasó en sequía durante largos siete torneos previos?

Si apenas iban 7 juegos del Invierno, no se entiende que echen a un entrenador cuando el equipo está con todas las posibilidades de clasificar y falta mucho camino para remontar y poder repetir lo hecho en el torneo anterior, donde ganó la primera fase a pesar de un inicio frío y gris.

La única razón que se me ocurre es dolorosa. A González lo han despedido del Saprissa porque el equipo, contrario a lo que yo creía, está dirigido por un grupo de fanáticos, que ésta vez le han torcido el brazo a su presidente, defensor del ahora destituido entrenador y el más ecuánime de la directiva. La madurez institucional en la casa morada está hoy en entredicho, como en los viejos tiempos.

Como es lógico, los directivos de Tibás no soportan ver a los de Alajuela en un festejo casi permanente. Pero si tuvieron la paciencia suficiente para aguantar un reinado manudo incómodo, parece ilógico que una vez retomada la silla de campeones, hayan perdido la cordura tan rápido y tiren de la misma a su artífice, sin dar tiempo a demostrar si es capaz o no de ocuparla a largo plazo.

Los 5 títulos ganados por Ramírez para la Liga han estado llenos de cuestionamientos, la mayoría porque a algunos no les gusta el planteamiento del entrenador, y porque en ese lapso no fue capaz de dar el salto hacia el Campeonato Mundial de Clubes, una cuenta pendiente en el ideario rojinegro. Pero nadie hizo loco ni cortó cabezas cuando las cosas no salieron. El resultado: Conserva al técnico más ganador de su historia, el equipo no ha dejado de ser protagonista aun cuando no ganó el título y hoy tiene todo para ser el superlíder y volver al cetro.

Saprissa parecía seguir el camino rojinegro de esta “era Ramírez”. Ya había pasado por lo más difícil. Bajó de la nube a los manudos, con todo y su técnico ganador en el banquillo. Rónald se sentó en ese banco, pero no lo pudo ni calentar, posiblemente porque las cabezas calientes quieren a su equipo enfundado en el traje del poder y el orgullo, que les hizo sentir tan bien en la época del hexacampeonato, durante su Mundial de Clubes, o cuando Medford y Jeaustin se combinaron para 5 torneos seguidos.

No importa si el equipo campeón de diciembre perdió a dos pilares defensivos y al mejor del mediocampo. Tampoco interesó si los refuerzos que González quería se los dieron o no. Menos importó que el técnico hiciera valer el orden y la disciplina, aún a costa de perder el concurso de algún jugador importante. Nada de eso pesó a favor del entrenador que siempre apareció ecuánime ante los micrófonos, reconociendo errores, aceptando críticas, respetando al que silba, asumiendo responsabilidades.

Hoy ya Rónald es pasado del Saprissa y éste, con toda su grandeza a cuestas, retorna a las pequeñeces que impiden que el futbol casero crezca. De nuevo el proceso de un equipo tico llega hasta donde el fanatismo de sus dirigentes lo permiten.

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