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Un Bryan encadenado

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Desde que Bryan Ruiz llegó a Inglaterra ha vivido un calvario con las lesiones. La razón es porque se metió al infierno del fútbol, a uno que no aprecia el talento individual, ni lo defiende... Lo único que vale es el sudor, la pierna caliente, el ir y venir con el cuchillo entre los dientes.

No es un fútbol malo ni feo. Al contrario. Es todo un espectáculo, donde la velocidad, precisión y ahogo del rival se conjugan en pos del vértigo en uno y otro marco. El fútbol inglés es una lucha por quitar la pelota lo más rápido posible y llevarla al marco rival con la misma presteza.

Es un fútbol de gladiadores, que juegan con turbo por los laterales, muerden en el centro del campo y aniquilan con llegadas relampagueantes o con cabezazos furibundos. Se imponen los grandulones, los musculosos, los correlones y alguno que otro habilidoso al que las pesas no le robó su cariño por la pelota.

El Bryan de Holanda y Bélgica se quedó en el avión que lo llevó a Londres. No bajó el chico desgarbado que enfilaba al marco regateando rivales y tenía tiempo y espacio para filtrar un pase lacerante o bien apuntar al arco y descargar sus disparos precisos.

No. En Inglaterra conoció muy pronto que eso no está permitido. Intentó conservar su estilo y le recetaron con ganas. Me imagino que el técnico lo alejó del área y le pidió buscar la pelota en el centro del campo, para repartirla rápido, de primera. "Sin mamoneadas" diría el señor Martin Jol si fuera tico.

Aunque muscularmente creció, su físico está lejos del prototipo del futbolista inglés. Con el agravante de que proviene de un balompié parsimonioso y que lo de él es la tenencia de la pelota, el regate, el desborde, la filigrana.

Aún con esas limitaciones, cuando ha estado en plena forma no desentona. Marca diferencia, se le ve la

clase, el porte de artista del fútbol. Pero el gusto le dura poco. Entre las patadas que recibe y el esfuerzo físico que hace para andar cerca del ritmo de compañeros y rivales, las lesiones lo tienen de cliente frecuente.

La seguidilla de lesiones no puede ser casualidad. El trabajo físico y el rigor al que es sometido en los partidos parece que le cobra factura. Tal vez sea tiempo de que mire a otro norte, el español, donde el respeto por el juego bonito es una tendencia marcada, y en donde podría sobrevivir con mejor bonanza y mayores éxitos.

De lo contrario, es muy posible que esos episodios de camilla minen su capacidad futbolística y que, acosado por los fantasmas que patean, se apague el brillo de la estrella más rutilante de nuestra actualidad.

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