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El Míster en su hora mala

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José Mourinho no es el técnico para el Madrid del futuro. Su ciclo está cerca de terminar, aunque tenga un contrato de dos temporadas más. Por el bien suyo y del madridismo, debe salir de La Casa Blanca.

En ella divagan los egos más grandes del planeta, como fantasmas penitentes en una lucha perenne por figurar. El Real Madrid no es una familia en estos días, sino territorio de varios clanes, con sus jefes, sus capos y sus divos. Y el, “Mou”, no es el hombre indicado para mediar entre tanto artista.

Se requiere de un tipo conciliador, diplomático, que no tenga esa sonrisa de media boca, casi una mueca, con la que suele descalificar a su interlocutor cuando no le gusta el rumbo del diálogo.

Nadie discute los logros de don José, alcanzados en otros lares. Pero al Real le debe… Y no solo títulos. Su deuda va más allá: con una planilla galáctica, su equipo parece demasiado terrenal, sobre todo si se le comprara con el Barcelona, que día a día confirma esa sensación de que sus hombres bajaron de otro planeta.

El es un tipo que desgasta a su alrededor por la forma frontal de encarar los problemas, de buscar los resultados, de justificar tanto las victorias como las derrotas. No solo carece de simpatía, sino que lo obsesionan tanto los éxitos que en esa búsqueda van cayendo a sus pies todo tipo de soldados, aunque tengan la jerarquía de los más grandes futbolistas.

Algunos siguen encandilados o se acomodan al profesor, convenientemente, por ser de los elegidos, entre ellos los portugueses.

Otros sobreviven a punta de su liderazgo y calidad, como Ramos y Casillas, íconos españoles a quien “Mou” no ha podido doblegar. Y, por supuesto, están los descontentos porque no juegan y, además, reciben los desplantes del señor.

Vive acosado por las presiones de enfrentar como rival al mejor equipo del momento, tener satisfecho al egocéntrico de Ronaldo, en sus cabales al díscolo Pepe, bajo control a los carismáticos Ramos y Casillas, silenciados a Kaká y a los que juegan poco o no lo hacen, pese a su cartel de estrellas.

Y, sobre todo, le acecha la pesadilla de esos 11 puntos que un desconocido “Tito” Vilanova le ha sacado apenas sin cumplir la mitad de la Liga. No creo que aguante ni que lo aguanten mucho más.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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