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Magníficos

¿Wanchope o Ramírez?

Hay una distancia grande entre ambos en sus facetas de entrenadores. Uno es una promesa. El otro es una realidad.

Óscar Ramírez y Paulo César Wanchope son como agua y aceite.

El primero es más cercano a la imagen del campesino autóctono, escueto pero frontal en su verbo y con una malicia indígena que vale más que 10 maestrías.

El segundo es refinado, de corte inglés, viajero de muchos mundos, con estadías como jugador en las mejores escuelas del orbe futbolero.

¿Y si entre ellos hubiese que escoger al técnico de la Selección, con cuál nos quedamos?

Yo, con Ramírez. Y no es cuestión de simpatías. Sino de resultados y atestados. Óscar ya demostró que es un estratega inteligente, abanderado del equilibrio, estudioso del rival y con capacidad bárbara para darle vuelta a los malos resultados. ¡Tiene ojo de tigre!

A su regreso de Europa, Paulo se trajo la maleta llena de experiencias al más alto nivel. Además de sacar su licencia de entrenador en Inglaterra, militó en la Liga inglesa durante muchos años con gran suceso, y tuvo un paso más discreto y corto por España y otros países.

Un lujo para cualquier tico de su época. No tuvo buenos resultados en Herediano y Uruguay en el banquillo y estuvo al lado de Pinto durante la gestión brillante del colombiano en la Selección mundialista. ¿Es la continuidad del proceso anterior el motivo suficiente para darle a Wanchope esa enorme responsabilidad? Creo que no.

Apariencias aparte, hay una distancia grande entre ambos en sus facetas de entrenadores. Uno es una promesa. El otro es una realidad. Paulo se graduó en las aulas inglesas, pero apenas ha hecho pasantías en la vida real. Óscar obtuvo su título con modestia en una universidad local, pero se ha doctorado desde el banquillo, patentizando un estilo sobrio, que a muchos puede no gustar, pero que tiene el respaldo de los resultados. Lo más parecido en casa “al menú Pinto” lo ofrece “El Machillo”.

El técnico interino actual necesita más horas de pie en la zona para los técnicos. Es un hombre inteligente y tiene liderazgo.

Pero ha hecho muy poco para siquiera ser considerado como seleccionador, cargo al que se está promocionando y los están promoviendo algunos, deslumbrados por el buen juego de la Sele ante Corea.

Antes de ese partido nadie dudaba de que su paso en el cargo debía terminar pronto. Muy poco con una Uncaf ganada sin convencer y un juego contra Omán donde la fragilidad defensiva hizo añicos los recuerdos soberbios de la defensiva amurallada del pasado Mundial.

Pero a como somos los ticos, después de haberlo apedreado por su bronca con Pinto, ahora, por un juego, lo idealizamos como el sustituto perfecto del colombiano.

Lo de Óscar es un examen aprobado. Los cinco títulos no pueden ser casualidad y dirige a uno de los dos más grandes equipos del país, donde se duerme y despierta con la presión de su numerosa tribuna.

Le falta el escenario mundial, es cierto, pero no creo que sea requisito volverlo un políglota, un “dandy inglés” o un ícono de la moda para sentarlo en el banquillo de la Selección.

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