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Una era de Pinto sin él

No me importa si tiene buen o mal carácter, pero el futuro entrenador debe seguir la línea de juego de Jorge Luis Pinto.

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No me importa si tiene buen o mal carácter, pero el futuro entrenador de la Selección Nacional debe seguir la línea de juego de Jorge Luis Pinto. Salvo que, con un estilo diferente, logre darnos mejores resultados que los del técnico colombiano. Lo mismo vale decir para Paulo César Wanchope, dure lo que dure su interinazgo.

Con Pinto, Costa Rica parece haber reafirmado una vía que nos enseñó hace ya un cuarto de siglo otro extranjero: Bora. El serbio diseño un equipo para jugar al contragolpe, recargando el trabajo a una zona defensiva ordenada y apostando al contragolpe como arma para quebrar el dominio del adversario y herirlo en un descuido del rival.

El técnico santafesino maximizó ese trabajo, orquestando la mejor propuesta defensiva que recuerda la historia de nuestro futbol, acompañada de un buen bloque para recuperar la pelota y de los hombres idóneos para llegar por la vía rápida al marco rival. Nada de un '10' intentando ser el eje del equipo, exponiéndolo a que si le amarran las alas al creativo nos quedemos sin vuelo en medio del naufragio.

Ese 10, en vías de extinción a nivel mundial, no puede ser la obsesión de Wanchope ni del entrenador por venir. Más bien hay que reafirmar el estilo “pintezco”, para que el futbol de la Selección no vuelva a esas épocas de transiciones lentas al ataque, fastidiosos e improductivos “chiqui- chiquis”, y de jugadores que son doctos con la pelota en los pies pero parásitos cuando el rival la tiene.

Si aparece un orquestador que además tenga espíritu de sacrificio, que sepa dar la pelota con precisión sin retenerla en exceso, y que además imponga la pausa como excepción y no como regla, bendito armador. De lo contrario, olvidémonos de ese niño prodigio y sigamos apostando al grupo, al juego rápido por los costados, al volante mixto que sabe lanzar bien a sus compañeros y a todo lo que la Sele nos dejó como legado en Brasil 2014.

Wanchope debe bocetar el equipo de UNCAF a partir de los principios de “Pinto”, a pesar de todo lo ocurrido aquella tarde de la conferencia maldita. De lo contrario, el entrenador interino tendrá que respaldar con muy buen desempeño su “filosofía futbolera”. Y si no lo logra, tendrá además el reproche de una fanaticada que no olvida al colombiano ni lo que hizo de la Selección.

Su peor error sería intentar aparatarse del esquema con que hicimos historia en Brasil, a partir de un planteamiento defensivo blindado y con el orden como bandera. Desbocar el equipo a la ofensiva o intentar demostrar que nos queda mejor otro estilo, podría ser la ruptura en el eslabón que nos deje atrapados de nuevo en un cuarto de Siglo o, peor, en una eternidad improductiva.

Al margen de las diferencias entre “pintistas” y sus detractores, entre los que lo defienden y quienes lo atacan, su legado futbolero no puede sepultarse. Wanchope y todos los que vengan debe comulgar con ese traje que nos sienta tan bien y que ha dado brillo a un país que debe empezar a vivir de sus éxitos cotidianos y no de los sueños de medio siglo.

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