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¡SOS por el futbol del futuro!

¿Dónde están los Wanchope, los Centenos y los López del futuro?

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Al término del partido contra Trinidad y Tobago por la eliminatoria al próximo Mundial Sub-17, solo quedan ganas de llorar… Lágrimas guardadas por el fallido intento de la Sub-20 en Canadá y que días después fue incapaz de ganar un “torneillo” centroamericano en el mismo suelo tico.

Llanto no solo por la oportunidad perdida y la que estamos a punto de perder, sino también por el futuro que estos muchachos están construyendo para el futbol. ¿ Si no es allí, en las selecciones menores, dónde están los Wanchope, los Centenos y los López del futuro? No los veo en ningún lado, no se asoman bajo ninguna camiseta, no alzan la mano, no sacan pecho.

Los chiquillos estos se esconden en la cancha, levitan en los partidos, pareciera no importarles el resultado, dan la impresión de que nos les da vergüenza la derrota. Ninguno lidera, nadie sobresale, no hay un conductor que se ponga la 10 con mérito, falta el delantero que dé lata a la defensa rival, no se ve el lugarteniente de la parte baja, que comande y tranquilice.

Antes, independientemente de los resultados en las eliminatorias o mundiales menores, en la retina quedaban las imágenes promisorias de los “Carasucias” y todos los “güilas” que les siguieron, con pinta de estrellas del mañana: Winston Parks, Jafet Soto, “La Cobra” Wanchope, Warren Granados, Bryan Oviedo, Bryan Ruiz, Marco Ureña, Try Bennett, etc, etc.

Pero después de la generación de Japón-Corea 2002, el ciclo reproductivo del balompié tico pareció estancarse. Se terminaron de ir los “cracks” en Alemania 2006 y quedamos con ese sentimiento de orfandad del que aún hoy no nos reponemos, sobre todo porque de los nuevos semilleros no germinan esperanzas futboleras.

Panamá, Cuba y ahora posiblemente Trinidad nos impidieron ir a los últimos Mundiales menores. Los rivales son lo mismo de siempre, fuerza y velocidad con poca técnica. Nosotros ni eso. Dejamos de lado el talento y priorizamos lo físico, pero terminamos siendo un “Frankenstein” del futbol: sin chispa para rescatar el recuerdo de los mejores creativos y sin el fuelle para luchar contra atletas de verdad.

Detrás de esa debacle están los dirigentes del futbol, quienes empinados en sus cuestionadas sillas del Proyecto Gol, se han dedicado a jugar al “Profe Fantástico”, quitando a los verdaderos formadores, como Carlos Watson o Gerardo Ureña, para hipotecar el futuro balompédico bajo criterios de puro capricho. Gracias a ellos, a los técnicos incapaces de distinguir un jugador de un boxeador, y a los muchachos que salen a la cancha a modelar más que a jugar, el futuro del futbol tico es triste, muy triste.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha.

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