Publicidad

MAGNÍFICOS

Tricolor en blanco y negro

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

El desempeño de la Sele frente a Chile y Corea no dejó secretos al descubierto, sino verdades que el tiempo ha madurado y que se confirman a poco del Mundial. La primera es que la generación actual es limitada en producción. Ya lo sabíamos desde Alemania 2006, cuando los últimos líderes de una generación ganadora dijeron su adiós.

A partir de allí ingresamos a un laboratorio de emergencia, para engendrar a los ídolos del recambio. Y aunque nunca como en esta época producimos jugadores de exportación, el sello de calidad no ha ido en la maleta de todos ellos.

El frío nórdico, el bajo costo de los ticos en el exterior y su dinámica lenta en el trasiego de la pelota, desnudan a muchos integrantes de esa legión, con poco cartel para ponerse el traje de legionarios. Los titulares no tienen sustitutos del mismo nivel.

O, tal vez, el deseo de hacer dinero ha sepultado el sueño mundialista de algunos, que se perpetúan en la banca de equipos europeos sin estirpe, secando con ello el caudal futbolero de aquellos que hace un tiempo levantaban la mano (tipo Marco Ureña o Christopher Meneses).

El segundo tema: La dinámica del futbol local está lejos de la alta competencia. Chile, con un modesto equipo, pero con buenas aceleraciones en ataque, nos hizo ver lentos, desfasados y confundidos en la marca.

A Corea le bastó con un gol de camerino para llevarse el triunfo sin apuros, aferrado al orden y la velocidad.

Los delanteros ticos derrocharon esfuerzo, pero fueron víctimas de sus propios compañeros, incapaces de hacer transiciones rápidas o de llevar velocidad y centros correctos por los costados.

Otro aspecto.

Es difícil meterse en el equipo de un técnico esquemático y disciplinado, que trabaja con repetido énfasis cada movimiento. Queda en evidencia la falta de organización y trabajo táctico del tico, que impide a algunos virtuosos con la pelota subirse en el avión mundialista.

Una cosa es tener habilidad o velocidad con la pelota, y otra poder participar con eficacia, con y sin le pelota, en el quehacer colectivo de un equipo. La consecuencia es que hay clubes locales que juegan bonito pero no ganan, o que son capaces de arrollar a casi todos los rivales pero que no pueden cuando un contrincante organizado se mete en su área, reduce los espacios y amarra a los ideólogos del bando adversario.

La victoria es más factible a partir del orden, del juego conservador y de impedir que el otro juegue.

El futbol se torna lento, entrecortado, mezquino en emociones y con apenas ráfagas de futbol.Por último, si en la Tricolor estelar se nota la ausencia de liderazgos y la apuesta es por el equipo, es razonable que cuando se junta a un grupo de futbolistas de poca trayectoria en la Selección, que además rinden su examen de graduación para el Mundial, no emerjan líderes que canalicen el futbol y enderecen el rumbo cuando las cosas no salen.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad