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Ventas del odio futbolero

La semana anterior se completó un septenario tragicómico en las canchas de nuestro futbol.

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En el tema de la violencia futbolera nos hemos vuelto unos críticos hipócritas y de doble moral.

En ningún otro asunto de la vida cotidiana, posiblemente, se cumple mejor aquello de “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el ojo propio”.

La semana anterior se completó un septenario tragicómico en las canchas de nuestro futbol.

Empezando por la forma descarnadamente furiosa con que un crítico de esta misma página, el señor Jacques Sagot, retrató al nuevo entrenador del Saprissa. “ Pachuco”, “polo”, “camorrero”, “ provocador sin clase”  y calificativos por el estilo, van contra el espíritu sereno, pacífico y comedido que el propio Sagot ha demandado de los protagonistas del futbol en otras intervenciones.

La reacción virulenta de muchos en las redes sociales, criticando al crítico por su crisis hepática, es una lógica consecuencia del errado proceder del afamado pianista.

Por su parte, los adversarios de la camiseta morada encontraron tierra fértil en esa columna sembrada de antipatía para no solo aplaudir lo dicho, sino condimentarlo con los olores y sabores del odio rancio.

Es cierto que Jeaustin Campos no es una santa paloma. Dentro y fuera de la cancha practica un estilo provocativo y ya, en su re-estreno en el banco morado sembró la daga de la polémica, justo al oído del hondureño Palacios, cuando éste le pasó su lado en regreso del baño.

Pero ni eso, ni sus discutibles declaraciones de siempre lo pueden convertir en sujeto de odios por quien, todo lo contrario, por su afinidad con el arte, con ese bálsamo humano que es la música, debería entonar acordes de paz, refrescando con su facilidad de verbo este desierto infernal en que hemos convertido cada partido de futbol.

Además, un personaje del arte, debe saber cuando está frente a un actor. Y lo del señor Campos es un papel interpretado con buena dosis de artista.

Su actitud provocativa puede no gustar o no ser compartida por muchos, pero tiene un propósito definido: jugar con las emociones del rival, desconcertarlo, provocarlo, sacarlo de sus casillas. ¡Tan bien interpretado, que ha logrado su objetivo con un hombre de la inteligencia y formación de don Jacques y, más aún, siendo los dos del mismo bando morado!

Pero así está lleno el futbol de personajes que incitan, retan, desafían y provocan todo tipo de emociones, la mayoría de veces sin pensarlo, o bien porque tienen baja tolerancia a la frustración, escaso control de la ira, o mucha pasión incontrolable. Hemos visto entonces, en el mismo lapso, desde un aficionado que manotea a Carlos Johnson en el Rosabal Cordero, mientras otro lo escupe, hasta un arrebatado seguidor carmelo que tiró su celular a Cristian Lagos, o a la mitad de la Ultra peleándose con la otra mitad, por ejercer el control de esa barra que a todos asusta.

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