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MAGNÍFICOS

Un año con la cabeza en su sitio

La cabeza de Jorge Luis Pinto bien pudo haber sido ofrecida en bandeja a la gran cantidad de aficionados y periodistas críticos de su trabajo, en los momentos de mayor incertidumbre de la Selección.

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El año futbolístico que cierra su calendario dejó como enseñanza la valía de apostar a los procesos y al trabajo serio. Por eso estaremos en el Mundial próximo y esa es la razón por la que la Alajuelense ganó su quinto título en siete temporadas. La cabeza de Jorge Luis Pinto bien pudo haber sido ofrecida en bandeja a la gran cantidad de aficionados y periodistas críticos de su trabajo, en los momentos de mayor incertidumbre de la Selección. Después de la primera fase, pálida y dubitativa, el colombiano estuvo en peligro de salir por la puerta trasera, de no ser por el respaldo de la Fedefutbol.

Tan seguro estaba de su trabajo, que apostó en televisión abierta con doña Pilar Cisneros que le pagaría el boleto a Brasil si la Tricolor no clasificaba. Nunca de su boca afloró una duda, pero respaldó su verbo con un trabajo metódico y disciplinado en el día a día, que sirvió para dotar a la Sele de una estructura defensiva encomiable y de una aplicación táctica muy efectiva en todos los sectores de la cancha.

Las frías estadísticas del 2012, que condenaban al equipo patrio a un repechaje si le iba bien, terminaron por convertirse en un apoyo apoteósico, respaldado por las cinco victorias en casa y tres empates de visita con los que selló su pasaporte mundialista. Su trabajo tesonero barrió con las dudas y demostró que los procesos serios tienen recompensa.

Algo similar ocurrió con la Liga y Óscar Ramírez. Silbado y cuestionado en los primeros dos torneos manudos, por su estilo parco y resultadista, “Macho” se fue ganando a la exigente afición rojinegra a punta de resultados. Incomprendido, hasta por su dirigencia, se tomó un “año sabático” que terminó pronto, cuando la dirigencia tuvo la humildad y el tino de llamarlo de nuevo. Aunque dijo de entrada que sus rivales le llevaban ventaja, porque tanto Heredia como Saprissa y Cartago, repetían al entrenador del torneo anterior, rápido logró acomodarse en la silla del caballo, pese a los primeros corcoveos que por poco y lo mandan al suelo. Sacó el viejo librillo de su futbol eficiente y en el sprint final ganó por una cabeza la ventaja deportiva al cerrar la segunda vuelta. Después desempolvó el manual de como jugar series finales y volvió a obtener un título sin ser favorito, como en los cercanos tiempos.

Pinto nos dio el triunfo más esperado en dos décadas de eliminatorias. Le ganamos a México con un resultado que no bastó para dejarlo viendo el Mundial en la televisión, pero que disfrutamos de principio a fin por la angustia y el drama de aquella noche que ni ellos ni nosotros olvidaremos. Óscar Ramírez, por su parte, le dio a su afición una victoria igualmente de campanillas, histórica e inolvidable: A pocos días de ser nombrado el técnico de la Selección azteca y a su equipo base de la misma, “Piojo” Herrera sucumbió ante el dilema táctico que le llevó Ramírez al Azteca.

Las más grandes alegrías del futbol fueron de la mano de trabajo metódico y paciente. La palabra proceso dejó de ser una utopía en el balompié local y un equipo como Saprissa, sacudido por las urgencias de un título esquivo, asumió también con inteligencia que la solución a sus males está en mantener el respaldo a un entrenador y un equipo que crecen y prometen frutos si se les abona con paciencia. Heredia y Cartago, los otros protagonistas del año, tampoco renegaron de su temporada y mantienen la nave bajo el mismo piloto, demostrando la madurez que otrora la dirigencia del futbol tico desconocía.

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