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Magníficos

Los chicos malos tienen su gracia

El futbol no es un concurso de simpatías, pero suele suceder que los antipáticos pagan doble factura en el momento de las desgracias.

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El futbol no es un concurso de simpatías, pero suele suceder que los antipáticos pagan doble factura en el momento de las desgracias normales que están implícitas, como riesgo inherente, a cualquier deporte.

Los provocadores, engreídos, los “saca pecho”, pueden desafiar al mundo futbolero mientras otean desde la cumbre, pero cuando caen de la nueve casi nunca aterrizan sobre un lecho de rosas, ni en cama de agua. Los clavos lacerantes de sus detractores están impregnados de esa ponzoñosa hiel que implica la venganza.

Mourinho es el abanderado moderno de este tipo de personajes. Amparado en sus éxitos innegables, se auto adhirió una etiqueta en la espalda que lleva con sorna a todas partes: “Odienme”.

Eso lo convierte en un hombre show, en una figura por encima de los demás, en un imán de la prensa, amado por los periodistas, pero detestado por la mayoría de quienes lo rodean y mucho más por sus adversarios.

Una peligrosa apuesta aún para un figurón como el técnico portugués. Cuando la victoria no le sonríe, como en su paso por el Madrid, cada derrota, cualquier error, es carroña en el manjar que se dan sus oponentes y críticos. No hay términos medios cuando de juzgar se trata a los odiados del futbol. Es el precio a pagar por declararle la guerra a la simpatía.

Aunque desatan pasiones, esos tipos son un diamante para el futbol. Primero, porque le añaden un ingrediente polémico que adereza un juego alimentado por la disputa en la cancha y de la verborrea en las gradas, conferencias, cantinas y casas.

Segundo, porque estos sujetos suelen tener espíritus ganadores y, equivocados o no, ponen el corazón y la sinrazón en defensa de sí mismos y de sus causas.

En el balompié local le acaba de pasar a Jonathan Mac Donald, el rey de los “memes”, tras su fallido penal contra Toluca y posterior expulsión en tierra mexicana. El enfrentamiento verbal que protagonizó antes y después de esos episodios con el gerente deportivo del Saprissa, lo convirtió en el “ladrón malo” crucificado en los previos a La Semana Santa.

El delantero manudo no es monedita de oro, ni siquiera de plata. En palabras ticas, es un “enjachador” dentro y fuera de la cancha.

Gusta de la provocación y “no aguanta ni media”. El coctel perfecto para un concurso de antipatía.

Si se le suma sus méritos deportivos, el pundonor que derrocha, y su raza de luchador inclaudicable, entenderemos porque tanta saña a la hora de su desgracia.

Algo de eso le pasa al “Mambo” Núñez, que si bien no tiene cara de malo, suele provocar con un verbo encendido a sus adversarios, sobre todo aquellos de quienes fue compañero alguna vez.

Y como le sobran motivos para celebrar, dada su ralea de goleador, acostumbra aderezar esos festejos con sal en la herida de quienes los sufren.

El Saprissa tuvo en “Paté” Centeno a uno de los odiados más malqueridos. Y ahora la etiqueta cuelga en Diego Estrada, quien por su paso por la acera manuda dejó un rastro incandescente en el trayecto a Tibás, que suele avivar con actitudes de niño malcriado o de hijo pródigo sin redimir.

David Ramírez, reencarnación del “Principito” Fonseca, le hace segunda al ex manudo y son una dupla perfecta para jugar a los dardos.

Odiosos o no, sin ellos el futbol perdería encanto.

McDonald es el coctel perfecto para un concurso de antipatía.

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