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MAGNÍFICOS

El satanizado fracaso

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En el futbol, y en cualquier deporte, es tan absurdo negar el fracaso como no aceptar que existe el éxito. Pero a muchos les gusta bañarse en las mieles del triunfo, mas se ponen el salvavidas cuando el barco de hunde, dejando que otros carguen con el peso de la derrota.

En un Mundo donde los triunfadores son los únicos que valen y nadie quiere ser un fracasado, se han inventado todo tipo de eufemismos y excusas para disfrazar la falta de éxito (para decirlo con elegancia, como le gusta a los que odian no ganar).

La Liga Deportiva Alajuelense acaba de fracasar. Era el campeón y ni siquiera pudo defender el título en la ronda semifinal. Siempre alardeó de su condición de monarca, de lo peligroso que resultaría si clasificaba. Pero cuando no logró el objetivo, por incapacidad y no por otra cosa, su técnico reprendió a quienes usaron la satánica palabra: fracaso.

Es cierto que el éxito de un equipo no debe medirse por títulos, pero quien así piensa tiene que cultivar una filosofía acorde. Si sus dirigentes salen a la caza de los mejores jugadores de los clubes pequeños, aún cuando tengan contratos vigentes, si confiesan cada año su aspiración de ir a un Mundial de Clubes (a donde va solo el mejor de la CONCACAF) y si alardean de su historial campeonil, no pueden disfrazar el significado de entregar el título como lo ha hecho la Liga.

Es verdad que las caídas y las derrotas deben ser el primer peldaño para una nueva escalada al éxito. Pero eso solo es posible con humildad y reconociendo el fracaso con el dolor y la crudeza que se amerita. El duelo hay que vivirlo, digerirlo, aceptarlo y entenderlo. Negarlo no es saludable y, casi siempre, empaña la vitrina para mirar hacia el futuro.

No aceptarlo es una peligrosa práctica. La derrota es humana y purificadora si se acepta con mesura y con la intención de corregir el camino equivocado. No reconocerla implica miopía para revisar el camino recorrido y para evadir las mismas piedras en el sendero de la reivindicación.

No hay que tenerle miedo a esa palabra. Hay que revolcarse con ella para superarla. La negación es la vía errónea para dejarla en el pasado y, en alguna forma, evidencia un orgullo y soberbia impropia de los verdaderos ganadores.

Los dirigentes manudos corren el riesgo de analizar este episodio como un simple accidente y no como el resultado de sus errores y de una dirección técnica que, en los momentos culminantes, no tuvo la claridad suficiente para sacar la nave rojinegra de sus abismos futboleros.

A Saprissa le ha tocado en los últimos años morderse la lengua vanidosa envenenada por tantos años de glorias. El poder y orgullo pasó a ser un slogan de segunda y “el no se repartan nada mientras Saprissa esté vivo”, se convirtió en el epitafio burlón de cada uno de los entierros del “Monstruo”. La llegada de Ronald González le ha dado un aire de humildad a un equipo en construcción, que hoy no se vanagloria de lo que fue y busca una nueva identidad. La Liga corre el riesgo de transitar ese camino morado de sus temporadas de decadencia. Las victorias se deben celebrar a todo pulmón, pero las derrotas hay que reconocerlas sin excusas, que de esa forma suelen purificar.

Liga Deportiva Alajuelense acaba de fracasar. Era el campeón

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