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El futbol al sicólogo

Saprissa es líder por unas fechas y cuando todo apunta a que nadie lo alcanzará, mete la reversa o se queda sin gas.

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El futbol tico padece de un síndrome delicado que constituye la principal barrera para su crecimiento. Es emocionalmente enfermizo, se sube al carrusel anímico tan pronto como baja de él. Emociona un domingo y aburre el otro, viaja del éxtasis a la modorra en el mismo tranvía que lo catapulta al éxito y lo despeña en el fracaso. El mejor ejemplo lo puso Alajuelense en su visita a México. Ni el pedigrí de las águilas aztecas ni el Coloso de Santa Úrsula intimidaron al León. Partido perfecto para un equipo pobre jugando contra el vecino rico y poderoso. Concentración absoluta, derroche de energía y cualidades individuales potenciadas al máximo. Un golpe a la historia. Días después, el mismo equipo vestido de rojo y negro balbucea en las canchas locales con un futbol poco imaginativo, sin ambición, alejado de los bríos con que desplumó a las águilas del América. La derrota en casa ante Puntarenas y una pérdida inapelable frente al Team, caricaturizaron aquel equipo imponente del Azteca, convertido en un fantasma aprendiz de futbolín.

Pero la Liga no es el único. Ningún equipo se salva de este extraño mal que tienen que ver con los estados de ánimo, con el deseo de ganarle al gran rival, de relajarse ante el adversario que parece fácil, de menospreciar al oponente que está abajo en la tabla y dejar la piel cuando la victoria significa una foto gigante en la vitrina del televisor o del periódico deportivo. Carmelita lo practica muy bien. Tiene de cliente frecuente a la Liga, acabó con Saprissa, se da de tú a tú con Heredia, pero no tiene fuelle ni futbol para ganarle a los rivales de inferior condición en la tabla. Mata a los gigantes pero juega como enano cuando la camiseta rival no tiene peso histórico.

Saprissa es líder por unas fechas y cuando todo apunta a que nadie lo alcanzará, mete la reversa o se queda sin gas. Ahora es segundo y podría terminar tercero. Tiene juegos de ensueño y otros que dan sueño. Ilusiona y desanima con la misma facilidad. Nadie se salva. Heredia es líder pese a una seguidilla de malos resultados. Y en Concacaf arrastró la imagen de un equipo sin recursos, impotente para pelear contra un Cruz Azul que lo desvistió de sus ropajes de campeón nacional. Podría seguir con los ejemplos. Basta decir que esa es la tónica del futbol local. No tiene razón pues le gana el corazón. Carece de regularidad porque la táctica y la estrategia ceden ante la euforia, el estado de ánimo, la animadversión frente al contrincante de turno, la charla triunfalista, el agüizote, y la mayor o menor vitrina que implica el juego por venir. Coquetea con lo sublime y practica lo ridículo. Enamora y desencanta. Promete en una jornada y desilusiona en la otra. Pone en el escenario estrellas fugaces en una noche cualquiera que, a la siguiente, provocan un eclipse total prolongado por interminables mejengas.Nuestro futbol necesita un sicólogo. Pero uno que no le guste el futbol, porque de repente se nos vuelve loco.

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