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MAGNÍFICOS

La paciencia es el camino

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La derrota frente a La Liga pone a prueba los nervios del Saprissa, su ideal de proceso, la paciencia de la dirigencia y afición… El futuro del entrenador y la estirpe de sus jugadores.

En esa hoguera de pasiones desatada por un humillante resultado, algunos – quizá muchos- empiezan a considerar la opción de echar a Rónald González, apuntando todas las baterías contra el técnico, incapaz de darle una estructura sólida a un equipo que urge regresar a sus tiempos de gloria.

Una pregunta sería ante esa disyuntiva: ¿Puede un entrenador lograr esa meta en 6 partidos, después de que otros técnicos no lo consiguieron en toda una temporada? La respuesta no deja de ser traicionera: Casas le ha devuelto entidad guerrera y cara triunfadora al Pérez, en la misma cantidad de juegos que ha tenido González al frente de los morados. ¿ Y entonces? La cosa se complica. Porque el Casas que triunfa hoy en el Valle de El General, ayer sufría por los vaivenes de ese equipo morado, desteñido en su juego pero más en los resultados.

¿Será que el uruguayo es entrenador para equipo pequeño, como le sucede a otros directores que desafinan en los grandes escenarios pero embelesan con su tonada ganadora en los teatros pueblerinos? ¿O es que la urgencia del título morado es un ancla muy pesada para cualquier técnico?

Es la hora de la reflexión pausada. Rónald no es un mago, ni quienes lo antecedieron unos incapaces. Hay que enfrentar las verdades, entre las cuales la más importante es que el futbol tico viene de una crisis de identidad y de figuras. Saprissa tiene que pagar el precio, como lo hizo la Liga antes de Ramírez con una apuesta joven que fue cultivada por varios entrenadores y sin tanta presión como la que han tenido los morados.

Posiblemente el Saprissa actual tendría una mejor cara si Casas hubiese seguido. O tal vez Guimaraes ya habría alzado la copa si no lo despiden tiempo atrás. Lo mismo vale decir para Rónald González: El error más grande sería cortarle las alas en un vuelo que apenas inicia y que, por eso, no tiene porqué ser en alfombra mágica. El sueño de un título se teje a mano y sin apuros. Lo puede acelerar un gran plantel, un equipo maduro, una generación de ídolos. De lo contrario, hay que echarle paciencia a la receta y jugar a la prueba y error, pero cociendo las ansias en baño maría.

Keosseián no trajo ninguna varita mágica uruguaya. Su prematuro éxito es el legado de lo que Óscar Ramírez forjó con sus 4 títulos. Los males del Saprissa no vinieron de Guatemala con González, quien traía un título caliente bajo el brazo. El primero cosecha el fruto de la paciencia manuda, esculpida por una generación “perdedora” que antecedió al “Machillo”.

El segundo recoge los sobresaltos de un equipo apurado por recobrar sus días de gloria.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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