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MAGNÍFICOS

¿Cómo vencer al monstruo?

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Por supuesto que no es a la vieja y familiar mascota del Saprissa, ni tampoco a aquella renovada y galáctica que inventó la administración Vergara y a la que le duró un día su cabeza… Me refiero al verdadero monstruo que habita en la Cueva de Tibás: Su afición. A ese hay que vencerlo antes de pensar en ganarle a los rivales.

La camisa morada o blanca pesa casi lo mismo que cualquier otra y la única diferencia la puede hacer el número de patrocinadores. Lo que pesa es el estruendo, la silbatina, los aplausos, el clamor, los halagos y las madreadas que bajan de los graderíos, impulsados por esa ventisca fría que azota el reducto tibaseño.

Antes de pensar en ganarle a la Liga, a Heredia o a cualquier rival, hay que saber cómo vencer o de qué forma ganarse a ese monstruo de mil cabezas, que de alguna forma intimida más a los jugadores de casa.

Es el verdadero examen para aquellos que no logran aún dejar su e status de promesas para convertirse en ídolos, y de quienes lo eran en otros equipos, pero tienen que revalidar su condición ante este gran jurado que ama y odia con la misma pasión.

Paradójicamente, el principal ingrediente de la receta para vencer a ese monstruo es la indiferencia. El jugador que salga a la cancha para ganarse a su público está condenado al fracaso. La necesidad de aceptación lleva al fracaso esas relaciones tortuosas entre futbolistas y sus equipos.

En el manual del amor futbolero la indiferencia y la sangre fría son fundamentales. Nadie le va a enseñar a Lagos a hacer goles y todos sabemos de su currículo, pero para revalidar su condición de goleador debe olvidarse que juega ante la afición morada, ignorar esos miles de ojos centelleantes que desde la tribuna lo acechan peor que cualquier rival.

Lo mismo hay que decir para los porteros. Grant no ha podido saldar esa lucha y a De Lemos le toca iniciarla en medio de una batalla donde el ego herido de la afición no permite benevolencias.

Un gran futbolista es el que se alimenta los silbidos y las críticas y los convierte en adrenalina para su jornada. En la adversidad se impone al rival sin dejarse seducir por los halagos de los buenos momentos, ni se hunde en el mar de las críticas cuando desde los graderíos bajan tempestades.

El ingrediente para vencer al monstruo es la indiferencia

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