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4-4-2

La madre de las mejengas

Si mi padre me regaló el futbol, mi madre me regaló las mejengas, la libertad para jugar en el lote baldío de tierra, barrerme o lanzarme.

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Redacción

Escribí alguna vez para un día del Padre, que el mío me regaló el futbol, una que otra pelota, mi primer uniforme, de aquellos con cuello en “v” y una letra cocida en el pecho. También los zapatos de jugar, completamente negros, quizás con un par de líneas a los costados, cordones amarillos, ya no recuerdo si con taquillos de hule o cuero.

Eran regalos de ambos, pero uno suele asociarlos con el padre. Comercial: incluya aquí aquellas madres que son padre a la vez. También las que con el paso del tiempo me han enseñado que la pasión por el futbol no es solo cosa de hombres.

Y bueno... si mi padre me regaló el futbol, mi madre me regaló las mejengas, la libertad para jugar en el lote baldío de tierra, barrerme o lanzarme, no tener que renunciar a un gol por el charco entre la pelota y yo, llegar a casa hecho un caldo sin temor al regaño. Algunos le llamarán alcahuetería. Yo le llamo felicidad.

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