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Saborío, pasiones extremas

Álvaro Saborío conoce las dos caras de la pasión popular.

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Álvaro Saborío conoce las dos caras de la pasión popular. En eso es único. Ningún futbolista en la historia del país ha sido amado o cuestionado con fervor virulento. Y en medio de esos sentimientos extremos, hoy asistimos a la mejor época del goleador.

Ahora anota más y falla menos. Se estrenó con doblete en la nueva temporada de la MLS, en donde es figura de culto. No fue fácil redondearse esa credencial.

Antes tuvo que empedrar su camino de goles en una liga que le sienta bien a su pivoteo y a su juego aéreo. Aquí la tenía más fácil. Uno o dos goles a cualquier altura del partido le alcanzaban para vestirse de héroe dominical. Las dejaba ir, es cierto, pero también las embocaba a menudo y si hubiese continuado en Saprissa, ya tendría a tiro de piedra el récord de Evaristo Coronado -172 goles-.

Lo difícil vino cuando se enlistó en el Sion suizo. Aunque se trataba de una liga de segundo nivel, descubrió a empellones la cruda realidad de la exigencia. Firmó la nada despreciable suma de 38 goles, entre 2006 y 2009, y pasó al Bristol City de Inglaterra, en donde solo marcó dos veces.

A esa altura de su historia lo creíamos un caso cerrado. Asumimos que regresaría a la “S” y haría lo de siempre: agarrarse la cabeza cada vez que errara una anotación o embocarla con frecuencia para desestabilizar la marca de Coronado. Vimos su paso a la MLS como un exilio, un “peor es nada” en el destino de un hombre que cada vez que se ponía la camiseta de la Selección y fallaba un gol cantado, encendía las redes sociales con legiones de críticos o chistes de mal gusto por su impericia en la red.

Pero en el Real Salt Lake emergió el verdadero goleador. En un futbol físico y devoto del pelotazo con sentido para huirle al “pressing”, Saborío tradujo en concreciones la mayoría de pelotas que apuntaban a su cabeza o caían en sus pies. Aprendió a moverse en el área para capitalizar su físico o enquistarse entre los centrales, para destapar a compañeros en ruta al gol.

Y hasta su pie derecho se reconvirtió al incorporar la sutileza entre los recursos para batir al arquero.

La Selección celebra su hora buena. Ya lleva 16 conquistas en eliminatorias y está a cinco de igualar a Paulo César Wanchope como máximo anotador con la Tricolor. El último lo hizo en aquel partido complicadísimo ante Panamá y nos ayudó a respirar, con el 2 a 1 parcial.

Quizá sea hora de reconciliarse con el hombre cuya sola mención desata pasiones extremas.

Pero en el Real Salt Lake emergió el verdadero goleador

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