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Magníficos

Cuidemos la gloria del Mundial

Corrijamos a tiempo, no hipotequemos la gloria muy bien ganada en Brasil.

FOTO: AFP

Administrar la gloria obtenida en el Mundial de Brasil implica responsabilidades que competen a todos. Si la idea es convertir los excelentes resultados en una constante, hay que arrollarse las mangas y trabajar en varios frentes. De lo contrario, corremos el riesgo de convertirnos en una anécdota.

Tienen que mejorar los futbolistas, los entrenadores, los dirigentes y la prensa. El premio vale la pena: repercusión planetaria, ser objeto de deseo de la atención mundial, gloria e inmortalidad. Pero las primeras señales después de la euforia empujan en la dirección de siempre: la Selección Sub-20 es un desastre en el Premundial de El Salvador y el clásico del domingo no desgranó buenas sugestiones en cuanto a calidad.

En el duelo de los súper grandes criollos sobró mesura, hubo poca audacia, faltó vértigo y las valoraciones de los técnicos en el postjuego obviaron un detalle medular ¿por qué no jugar mejor? De cara a lo que viene, hay mucho en juego. Voces autorizadas del Primer Mundo que vieron a la Selección bajar a tres pesos pesados en primera ronda, pasar a octavos y cuartos, y despedirse de la Copa por penales, le auguran a nuestro futbol un espacio entre los grandes de Latinoamérica. Asumen que nuestro futbol va creciendo, que saldrán más figuras, que se perfeccionará la propuesta esgrimida en Brasil y que la presencia en los mundiales futuros servirá para enlistar nuevas y sonadas victorias que reconfirmen la evolución y ayuden a tejer más tardes épicas con festejo desbordado en las calles.

Algunos más osados nos ven como un "proyecto de potencia futbolística", que podría devenir en una especie de "Holanda latinoamericana", un símil honorífico que implica una enorme responsabilidad. Pero entre las cuatro paredes de la casa, la cosa va por otro rumbo... Porque, ¿podremos pensar en un crecimiento sostenido si la base del futuro, entiéndase Selección Sub-20, es un caldo de cultivo de pésimos resultados y una trinchera verbal de acusaciones cruzadas entre el destituido técnico y el flamante Director de Selecciones?

¿Por qué sale ahora el español que orienta el destino de los equipos menores del país denunciando la anarquía de la gestión de Rónald Mora, su aparente desobediencia al plan de trabajo trazado e impericia para guiar a los jóvenes, cuando los resultados nos tienen al borde de la eliminación? Ahora es la Juvenil, pero ¿cómo anda el proceso de Luis Fernando Fallas, con la Sub-17? ¿Están las cosas en orden, hay garantía de éxito o seguimos improvisando, con los resultados ya conocidos?

Soy optimista y prefiero pensar que lo mejor de nuestro fútbol siguen siendo los jugadores, que mientras la zurda de Elías Aguilar en Herediano se atreve, tenemos esperanza. Que su Kevin Vega sigue largando pases de 40 metros en la banda izquierda del Cartaginés, hay esperanza. Que si el "Profe" Carlos Watson le da la titularidad a un desconocido de de 1,92 m. en el arco de Uruguay y el muchacho le responde con paradones a lo Keylor, nuestro futbol tiene clase y se vale seguir soñando.

Corrijamos a tiempo, no hipotequemos la gloria muy bien ganada en Brasil.

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