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Miserias azules

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Las miserias acompañaron al Cartaginés en todas sus épocas. En las buenas y en las de ahora.

El “Ballet Azul” (1965-1969) tuvo una grandeza poética y sombría. Se embolsó a la crítica a punta de toque y gol. Esa cadencia con red que cautivó a las gradas fue obra del técnico Alfredo Piedra. 

“El Chato” unió en un conjunto todas las posibilidades expresivas individuales. Y el resultado fue un equipo que ancló en la historia como el retrato modélico del buen fútbol.

Tuvo un final inmerecido al mando de Marvin Rodríguez: el domingo 19 de octubre de 1969 lo abatió un infame “gol de media”.  Fue irónico porque el título no estaba en juego, pero Saprissa llegó a 39 puntos, venció a San Carlos una semana después y largó el grito de campeón.

Aquel derechazo almidonado de Luis Chacón se cobró un bonito cadáver en el viejo Estadio Nacional. En su infinita grandeza, el “Ballet Azul” vivía su hora de miserias. Cuarenta y tres años después, una versión descafeinada del Club Sport Cartaginés pena en el antepenúltimo puesto de la tabla, en una campaña miserable. Ligó once juegos sin victoria y dejó sin palabras a sus críticos.

Ya se agotó el arsenal de adjetivos para calificar la caída en picada desde el subliderato del certamen, cuando el Torneo de Invierno 2012 gateaba y tenía a los blanquiazules como protagonistas. Poner fin a estas miserias posmodernas constituye el desafío de la nueva administración que liderará a partir del sábado Daniel Vargas.

¿Cómo extirpar ese comportamiento camaleónico y devolverle a la afición la fe en su equipo? El Presidente tiene una tarea prioritaria: dinamitar ese camerino donde comenzó toda esta pesadilla.

 Allí anidaron la división, los celos, la envidia y el efecto bumerán de una absurda práctica administrativa que premiaba con mejores salarios a quienes actuaban de titulares y erosionaba los ingresos de los suplentes. Si Vargas quiere construir un campeón inoxidable, que corte una sequía de casi 72 años sin títulos, deberá prescindir de al menos 12 futbolistas que ya completaron su ciclo.

Hacen falta un arquero de jerarquía, laterales que corten, toquen,  pasen al ataque y lleguen al gol; un conductor al estilo del “Pelirrojo” Córdoba, que ponga la mirilla y largue el pase con ventaja. Y delanteros con química de gol, para que los hagan desde todas las distancias y formas: aéreos, a un toque, sutiles, con rencor o a velocidad de relámpago.

Daniel: hay que desdramatizar esto y ponerse a trabajar. No compre de manera compulsiva, capitalice su verbo afilado e inteligente y traiga un técnico devoto del buen juego, que tome un equipo en aparente defunción y lo proyecte al esquivo título La afición está harta de las miserias azules.

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