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MAGNÍFICOS

Cartaguito, ¿campeón?

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Javier Delgado tomó un equipo en aparente defunción y lo proyectó al título. Está a 180 minutos de alcanzarlo porque convirtió la larga espera en una fuente de inspiración y cambio para sus jugadores y aficionados. Ese es su mérito.

“El Sheriff” hurgó en las mentes de sus futbolistas y los convenció de que estaban equipados para los grandes desafíos. Ello explica la reconversión de Luis Torres, Andrés Flores, Paolo Jiménez, Eduardo Valverde y Hansel Arauz, por mencionar a cinco.

Unió en una coraza de equipo a 22 islas dispersas. Cambió obsesiones y miedos por compromiso, y blindó la autoestima con espiritualidad y el convencimiento de que el fútbol les ofrece la oportunidad dorada de convertirlos en mejores personas. Semejante estilo de dirección tuvo eco en la cancha y en las gradas. El equipo redondeó una primera vuelta para enmarcar, con estilo y ambición. Y la gente transformó el sufrimiento histórico en esperanza.

Ahora el título está ahí, se respira y dejó de ser una utopía. La solidez del proyecto se puso a prueba en la segunda vuelta. Las lesiones lo privaron de su mejor defensor –Andrés Sanabria, un jugadorazo- y su talento creativo –Mauricio Castillo- y resignó el liderato. Pero en la desventura que significó perder el primer lugar, emergió un equipo contundente en el capítulo defensivo, con Torres en estado de gracia. Claro, enfrente está Herediano, que reivindica su legítima aspiración al cetro. Por jugadores y momento futbolístico, es el favorito.

Antes escribí que es el único de los grandes que le ha sido fiel a su estilo, por encima de Alajuelense y Saprissa, que sumaron podios al precio de traicionar su identidad.

El Team no. Siempre respetó la pelota, intentó jugar bien, orquestó las jugadas con maestría y fue demoledor en el área. Y esta versión del Verano 2013 le guarda fidelidad a la historia.

El mérito de Marvin Solano ha sido reunir en un equipo todas las posibilidades expresivas individuales. Y toma riesgos, como juntar en una misma formación a Josimar -letal como pasador o arquitecto de un espléndido repertorio de pases- con Ismael Gómez –protagonista de todas las jugadas cruciales del medio hacia adelante-. Con esas credenciales, Cartaginés no se saldrá de su perfil de blindaje y sólo se atreverá a discutir la autoridad sobre el encuentro con contragolpes ejecutados con precisión de cirujano. Dos estilos opuestos que mantendrán en vilo a las aficiones más emocionales del país. Ya se viene…

Ahora el título está ahí, se respira y dejó de ser una utopía

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