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MAGNÍFICOS

Pinto, las papas y las cebollas

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Un domingo en la noche coincidí con el “Profe” Pinto en un pasillo de Repretel. Fue a finales del año pasado y llevaba meses sin verlo. Iba “afanado” –apurado- para una entrevista y aquel encuentro casual sirvió para un intercambio breve. La amistad nació cuando él dirigía a la Liga y yo era Editor de Deportes de La Nación.Matriculados en avenidas opuestas del futbol, desde entonces nos unió una amistad basada en el respeto. Me dijo que quería papas y cebollas de la finca –además de periodista soy un agricultor cartaginés en mis ratos libres, que cultiva una parcela al pie del Irazú- y en son broma le respondí que las tendría el día que la “Sele” no jugara tan feo.

Herí su orgullo. Dio un paso atrás, ladeó la cabeza a la izquierda, levantó las manos y las recogió hasta casi pegarlas contra sus hombros, y me desafío con ese inconfundible acento santandereano: “No tengo un ‘10’ clásico. Decime, ¿a quién pongo? Dame uno y juego bonito”. . Un silencio aprobador se adueñó del ambiente…

Pero, tozudo como es, volvió a la carga y redondeó la explicación: “Con tiempo y trabajo jugaremos bien al futbol. Y entonces verás que la diferencia entre jugar bonito y jugar bien es muy sutil, casi imperceptible”. Nos despedimos. Él se perdió en el pasillo, rumbo al set de televisión, y yo emprendí mi viaje de regreso a la zona norte de Cartago, en donde vivo.El martes, al término del primer tiempo en el Azteca, recordé la anécdota. Caí en la cuenta de que el “Profe” tenía razón. Se puede jugar bien al fútbol con orden táctico y equilibrio –como le gusta a él- y manejo de pelota –como me encanta a mí-. La Selección redondeó los mejores 45 minutos de la eliminatoria, con una producción colectiva convincente que derritió las resistencias que despertaba la filosofía del colombiano.

Ese equipo estuvo cerca del fútbol y del Mundial. Acortó la cancha de atrás hacia adelante, fue a topar a México en su feudo, dispuso de la pelota y de los mejores recursos para administrarla, y elaboró a punta de toque tres llegadas en la inicial –dos de Campbell y una de Bryan- que debieron terminar en gol. En el complemento se reservó, pero tuvo dos para liquidar. Los del fondo estuvieron inmejorables, desde Keylor –gigante en los cortes- hasta Júnior –le encontró la medida al juego después de que lo desbordaran dos veces-. Lo de Tejeda para enmarcar: ganó todas, las sirvió con ventaja y se ofreció para dar continuidad a la acción. Me recordó al “5” histórico de Saprissa, Fernando Hernández. Joel, inconmensurable; Bolaños hizo la que mejor le sale, diagonal y vértigo constante; y Kenny Cunningham casi se fabrica solo otro Aztecazo. “Profe”: ya puede ir a Cartago, por las papas y las cebollas.

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