Publicidad

MAGNÍFICOS

La gente encumbró a la Sele

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

El zurdazo con red de Bryan nos liberó a todos. A él de los demonios que amenazaban con inflar más su deuda con la Selección y a nosotros del presagio de que ese juego decisivo ante Panamá acabaría mal porque el rival crecía con la lluvia e imponía su jerarquía a punta de codazos, vértigo, faltas y empellones. Cuando Ruiz largó el festejo y salió a buscar abrazos amigos comenzó otro partido. La “Sele” mostró esa saludable identidad que patentó ante México, con mucho orden, sentido para juntarse y tocar, sociedades desequilibrantes y, esta vez, cuota de gol. La anotación de Celso demostró a cuánto puede aspirar este equipo si le suma audacia a la recuperación; si deposita la pelota en los pies de los que más saben, y si puede mantener esa sincronía con la grada que, a mi juicio, es la verdadera responsable de la resurrección.

Sí, porque mucho se habla y se escribe estos días de la mano del “Profe”, de que por fin apareció el equipo, de la solidez de la estructura defensiva, del momento de Keylor y de Joel, de la onda expansiva que aportan Borges y Bolaños si entran en sintonía. Todo eso suma, es innegable, pero, en realidad, el equipo se ha puesto a la altura de la gente, de esos miles de rostros de todas las edades que desafiaron la lluvia esa noche, que no pararon de alentar y que siempre creyeron, aunque Panamá parecía una barredora de sueños en la inicial. Este respaldo y su efecto multiplicador sobre el equipo se materializaron después del robo congelado en Estados Unidos. La gente se rebeló contra la injusticia, adoptó al equipo como causa nacional y no ha dejado de cantar y apoyar cada vez que salta a la cancha. Nada me estremece más que ver las pancartas “San Carlos con la Sele”, “Parrita con la Sele”, “Orosi con la Sele”. De todos los rincones del país vienen a apoyarla. Y lo más valioso es que ese afecto redefinió el compromiso que tienen los futbolistas y el deseo de brindarse con todo.

Porque en esta Selección nadie se guarda nada. Y creo que Bryan lo comprobó el martes. Ese día peleó todas las pelotas, ganó muchas, lo arrollaron la mayoría de veces, pero le dio a la gente esa cuota de entrega que hacía falta. No importa si juega a 50 o 20 metros del área; si lo alinean por los costados o a espaldas de los delanteros. Lo que la gente le resentía era que no se brindara como el resto, que trotara cuando todos volaban sobre el terreno, que no metiera la pierna como se estila en este equipo. Y el martes, en medio de esa jauría de camisetas blancas que siempre lo cercaban, nunca se arrugó cuando lo levantaban y le cometían falta. Queda lo más difícil. Olvidémonos de las matemáticas y los juegos de posibilidades. Salgamos a jugar igual. Disputemos ese partido ante Estados Unidos con la nuestra, que es presionar ordenados, tocar cuando ganamos el balón y cabalgar hacia arriba, con llegada masiva y variada, para estremecer la red e instalar el fervor en las tribunas. Porque a la gente hay que retribuirle con alegrías, pues fue ella la que generó esta reconversión que nos tiene palpitando el inminente Mundial.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad