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MAGNÍFICOS

Futbol con miserias

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El futbol tiene un lado sórdido que se refleja en las acciones torcidas de algunos protagonistas. La última jornada excedió la cuota previsible. David Ramírez quiere la atención de los medios. Aún es un anónimo caminante del tiempo en la historia del Saprissa y ya se volvió mediático. Claro, no por sus goles, sino por las recurrentes acciones que lo pintan como un mal tipo. Primero se hizo expulsar a la brava en el Torneo de Copa. Luego armó un show por una reivindicación salarial y ahora puteó a la afición limonense porque su inventiva no le dio otro recurso para festejar una anotación. Ronald tomó nota y a ver si aprende.

En Puntarenas, el respeto y los buenos modales palidecieron. El codazo de García a Venegas, el desquite de éste con un rival y la escupa de Mudarra al mismo Johan, pintan la escala de antivalores de algunos futbolistas. Creía que el mal de nuestro balompié era de fundamentos técnicos, rezago táctico y falta de jerarquía internacional. Pero es más profundo, pues toca la integridad y principios de varios protagonistas.

El tema es sensible porque pasa de la grama a la silla dirigencial. El despido de Mauricio Montero como asistente técnico por oficializar lo que todos sabían en Alajuela, es otro golpe a los códigos futboleros. Al “Chunche” podrán bajarlo del banquillo, pero no del corazón de la gente, en donde ancló con carácter de inamovible. Es patrimonio nacional. El afecto que se ganó con merecimiento trascendió la frontera alajuelense. Porque lo que este noble hombre de campo dio con su adorada Liga, lo multiplicó con la Selección y se granjeó la devoción popular. Montero refleja los valores de un sector de la población olvidado por el esnobismo urbano.

Él encarna la inteligencia campesina, su sabiduría y honestidad. Cuando “Chunche” habla y ventila cosas de Alajuelense, lo mueve el deseo de ayudar a enmendar el rumbo. Y es tan grave el alcance de sus palabras, que sus superiores salen salpicados y corren a apartarlo del camino.

Que no se pongan moralistas Esa versión devaluada de Keosseián no estaba para asumir el desafío que implica dirigir hoy a la Liga y se evidenciaba jornada a jornada. La descafeinada Liga se quedó a las puertas de la clasificación y obligó a ir tras los pasos perdidos, con la recontratación de Ramírez.

Pero en medio de tantas miserias futboleras, el Herediano nos devuelve la confianza en la calidad moral de otra parte de los futbolistas. Víctor Núñez cotiza sus goles en una cifra millonaria y regala los dividendos de su acierto en la red a escuelas necesitadas de la provincia. Y hay más. La plantilla en pleno organiza una jornada para recoger alimentos y enviarlos a Haití, la nación más pobre y hambrienta de nuestro continente. Ignoro qué suerte correrá Herediano en lo que resta de la Concachampions, pero para mí ya es el campeón moral.

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