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Joel busca su destino

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Joel Campbell tiene una zurda bipolar. En ella coexisten lo mágico y lo pagano. Igual hinca a un arquero con un toque sutil o con un misil lejano. El calibre de su clase atiza discusiones. Unos consideran que su pegada lo blinda ante los cuestionamientos. Otros creen que aún lo abruma el cartelito de promesa-revelación.

La vida es encontrarse, para eso nacemos. Y Joel anda en busca de su destino. Hoy tiene un flanco por donde pueden entrarle: su escasa participación en el Betis y su rendimiento dispar con la Selección.

Pero su condición de futbolista distinto le asegura trato preferencial. Aún lejos de su apogeo, exhibe una velocidad mental que le permite anticiparse a las jugadas. Sabe lo que debe hacer con la pelota antes de recibirla y anota goles que tienen repercusión planetaria. Ese zurdazo con red al Deportivo reflotó la premonición de que el crack está cerca. Eso sí: el futuro le impone varias asignaturas pendientes.

Su talento individual debe encontrar un lugar idóneo en el juego asociado del equipo. Y ahí el desafío es para Pepe Mel, en el Betis, y Jorge Luis Pinto, en la Selección. ¿Cuál es el mejor Campbell: el que va a los costados para ganar comodidad a la hora de montar el preámbulo del gol o el que participa en todas las jugadas de ataque? Yo creo que no hay que encorsetarlo. Bastará con ponerle la pelota en su botín izquierdo a 30 metros del arco rival y dejarlo conjugar el verbo ser. Porque llena el formulario para consagrarse como jugador de clase A: es zurdo, talentoso, posee visión de juego, panorama y pegada. Y la mayoría de sus goles tienen garbo y sentido estético.

En la Selección podría cotizar sus acciones al alza si jugara detrás de la referencia ofensiva, llámese Saborio o el “9” que Pinto elija para enquistarse entre los centrales, ejercer de pivote, y vivir de espalda al arco rival.

Joel engaña con la pelota o sin ella. Y sabe distribuir el balón con agilidad e inteligencia porque interpreta, como pocos, el concepto de tocar y moverse para volver a intervenir en la jugada.

Tiene dos adicciones que lo empujarán lejos: jugar a ras del piso y pegar la primera puntada de un ataque que terminará en gol. Si aprende a elegir el momento justo para optar por el pase o la maniobra individual, y si le enseñan a ocupar los lugares más fértiles para recibir y perfilarse, el crack se materializará. Creo que ya lo tiene claro. Espoleado por el gol al Deportivo, esta semana deslizó un deseo del tamaño de su categoría: superar la huella de Paulo Wanchope. El día que lo logre, Joel habrá encontrado al verdadero Campbell.

Joel engaña con la pelota o sin ella. Y sabe distribuir el balón

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