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Magníficos

Keylor en la estratosfera

Marca, As y la prensa levantina ya agotaron la dote de adjetivos.

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Las buenas producciones de Keylor Navas en el Levante inauguraron un ritual entre los futboleros. Tiene lugar sábados o domingos, según se juegue la Liga española. Consiste en leer las crónicas en línea sobre sus actuaciones. Marca, As y la prensa levantina ya agotaron la dote de adjetivos.

Keylor anda en un nivel estratosférico. Lo reafirma partido a partido, cuando antepone reflejos y ubicación a las pretensiones de gol de quien se asome por su arco. El bautizo en el torneo ante Barcelona, cuando encajó 7 goles, mostró su estatura moral, emergió una versión mejorada de sí mismo que nos plantea hasta dónde llegará. Es casi completo. Lo será cuando reclame su paternidad sobre el área chica y genere situaciones de gol desde su arco con un saque. Es dueño de un estilo sencillo y efectivo, sin estridencias. Siempre está en la trayectoria de la pelota y conjura el peligro antes de que evolucione a situación de gol. En eso aventaja a los de nuestro medio.

Pasó de mejor proyecto de portero del fútbol tico -a la sombra de Porritas en Saprissa ganador de Medford- a dueño indiscutido del arco tricolor. Su mejor virtud es tomar la elección correcta. Y según deslizan en el camerino del Levante y de la Selección, impone su personalidad con el mismo aplomo y madurez con que resuelve un mano a mano.

Veo fútbol desde el 69’ y asistí al bautizo, gloria y caída de guardametas de todas las raleas. Los había valientes y efectistas, como el “Flaco” Pérez, espectaculares y felinos como el panameño de Alajuelense, Roberto Tyrrel, fríos y aplomados, como Emilio Sagot, devotos de los vuelos de águila, como Hernán Silvestre y Evaristo Allen, y pintorescos de boina, como Didier Gutiérrez.Alejandro González y Marco Antonio Rojas eran distintos. El alajuelense iba a todas, con arrojo y reflejos; el morado gustaba de vuelos cortos o largos, para quedarse con la pelota o desviarla al córner, en aquello que el insuperable narrador radial Luis Cartín llamaba “plonyón”.

Hubo otra camada como Erick Lonis, que comenzaron como uno más y terminaron convertidos en leyenda.Erick era banca de Gabelo en Cartaginés, mas empezó a crecer bajo la dirección de Carlos Watson en Carmelita y Saprissa. Tuvo detractores, pero se esmeró en aprender y actualizarse. Y en eso de “creérsela”, no tuvo par.

Antes de Keylor, tuve mi favorito. Fue un guardameta del Saprissa que recaló en Cartaginés en el 72’. Rodolfo Umaña. Era alto y flaco. Tenía brazos largos y manos seguras. Vestía suéter gris y pantaloneta negra. Atajaba todo lo que caía sobre su portería.

Nadie le ganaba arriba y en un partido que los azules le ganaron a Saprissa 1-0, le hizo paradas antológicas a Odir Jacques. Keylor va para el Mundial avalado por su clase y un padrino como Luis Gabelo Conejo, que sabe lo que es terminar la cita ecuménica del fútbol convertido en el mejor.

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