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MAGNÍFICOS

La “Sele”, el chonete y Panamá

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La Selección cerró su noche de Uncaf como debía: con medalla de oro colgada al pecho y la copa de campeón. Los futbolistas ensayaron una vuelta olímpica que, finalmente, no se completó. En el frustrado recorrido se ligaron un símbolo del terruño que terminó de reconciliarlos con la tribuna.El sombrero de lona y el pañuelo rojo le pusieron un broche folclórico a la jornada. Nos recordaron los orígenes del ser costarricense, la nobleza de la gente del campo, las manos callosas, la tierra fértil, el surco, la semilla, la buena cosecha, el verbo directo del campesino y la honestidad.Esa vuelta a las raíces tuvo su contraparte en la cancha. El equipo domesticó la pelota y, como le gusta al “Profe” Pinto, exhibió un orden táctico a partir de un muy buen manejo de balón. Por primera vez en mucho tiempo, la “Sele” desbordó alegría y enamoró a la grada. Jugó como nos gusta.Es cierto que el torneo no frisó, siquiera, la barrera de lo regular –eso no fue culpa nuestra- pero en el partido ante el rival ideal, resolvimos el duelo de la manera que mejor nos sienta: tocando, buscando el espacio y pasando al ataque con una devoción saludable por el pase con ventaja.Celso fue medular en ese logro, espoleado por las dos revelaciones de la Copa: los Rodríguez, Ariel y Osvaldo. El de Pérez Zeledón sacó a Yeltsin de la convocatoria ante Panamá por su acierto para cortar el circuito del juego enemigo y dar el pase correcto, y el de Guápiles por su facilidad para montar ataques.Si como Pinto admitió una vez, el equipo no se ve prolijo con la pelota porque carece de un “10”, con Borges en estado de gracia la Selección está más cerca de jugar el fútbol que nos atrajo siempre, el que mejor interpretamos, el que desgrana alegrías en las gradas y el que nos empuja a pensar que Brasil 2014’ no es una utopía.El cierre ante Honduras en la Uncaf demostró que el pelotazo es un recurso residual, prescindible, si contamos con un “enganche” que pida la pelota, optimice el pase, promueva el juego asociado, le dé respiro al equipo e interprete todos los momentos del partido: cuándo acelerar, cuándo lanzar, cuándo retardar la acción y cuándo resguardarse.Celso fue todo eso la noche en que la Uncaf bajó el telón. Sólo el “Profe” sabe si exhumará o no la figura de ese hombre que se mueve a 30-40 metros del arco rival, juega y pone a jugar a los de arriba, descarga la pelota por el sector en donde se ofrezcan los de camiseta roja y pise el área con pretensiones de gol. A Panamá hay que ir con una cuota de audacia en la cabeza, sin desdeñar el orden y el equilibrio que el técnico promueve como un dogma. Así como la noche con título de Uncaf un sombrero de lona blanco y un pañuelo rojo nos reconciliaron con la esencia del ser costarricense, volver al estilo que nos caracterizó siempre puede ayudarnos a fraguar la primera alegría de la hexagonal.

El próximo jueves lo sabremos…

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