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MAGNÍFICOS

Aprender a golpes

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La aventura en Japón terminó mal. Treinta y dos golpes de Takashi Uchiyama hicieron polvo el sueño de Bryan Vásquez en el octavo asalto. El cinturón mundial de las 130 libras prefirió la cosmopolita Tokio a la aldeana San José. Es hora de que Tiquito haga el análisis en frío. Me alarmó que nuestro púgil redujera la derrota al estado de ansiedad con que subió al ring. Ojalá ese argumento sea una excusa de consumo mediático. Porque si Bryan aspira a convertirse en un candidato serio a la corona, debe sincerarse consigo mismo y empezar a corregir.En ese peregrinaje de ocho asaltos, quedó claro quién era el campeón. Con excepción del segundo round, el nipón condujo la pelea a su antojo, metió las mejores manos y asimiló sin problemas la inofensiva artillería del tico. Como a Isaac Marín, a Álvaro Rojas, a Orlando Hernández y a Humberto Aranda en el pasado, a Vásquez también le falta pegada.

Y si carece de “punch”, no puede dar tantas ventajas. Por ejemplo, no entiendo por qué se empecinó en pelear con la guardia baja frente a un rival que, como admitió después del combate, “pega durísimo”. Otra de sus debilidades fue el escaso juego de cintura, que lo convirtió en un blanco fijo para los sólidos puños del japonés. A ello hay que añadirle la escasa movilidad de sus piernas. Bryan parecía anclado en el cuadrilátero y quedaba a merced de un variado repertorio de golpes, que le dieron alas al puntaje del campeón en las tarjetas de los jueces. ¿Todo eso fue producto de la ansiedad? La respuesta la tienen él y su entrenador. Les soy sincero: se me grabó en la mente aquella imagen de Vásquez desarmado en el octavo asalto, cuando vuelve a ver al árbitro a la espera de no sé qué, y el japonés se aprovecha para propinarle dos golpes que estallaron en su rostro. Esa es una señal de que en el proyecto de campeón de Tiquito algo no anda bien. Aunque en el boxeo manda la pegada, ser un púgil completo también ayuda. Muhammad Ali, el excampeón de peso completo más grande, decía que había que “volar como una mariposa y picar como una avispa”. Se refería a estar en permanente movimiento para distraer al oponente y atisbar el claro por dónde meter la mano ganadora.

Argentina tuvo a otro notable campeón, Nicolino Locche. Don “Nico” era devoto de la fiesta. Eso sí: cuando se trataba de pelear, se aislaba un mes y se ponía a punto. Derrotó a Paul Fuji el 12 de diciembre de 1968 en Tokio y se consagró campeón mundial welter junior. Lo apodaban “El Intocable” por su asombrosa capacidad para esquivar los golpes. Su secreto consistía en minar a los rivales, secarlos dentro del ring y liquidarlos, después, con una andanada sorpresiva. Un espejo en el cual Bryan podría verse. Tiquito tiene 25 años y una promesa de futuro aun por desenvolver. Lo que consiga de ahora en adelante dependerá de su capacidad para mejorar. Esa artillería pesada que descargó Uchiyama impone un análisis en frío. Será materia de estudio obligatoria para labrar la ansiada noche en que Tiquito se proclame campeón.

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