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Saprissa en su laberinto

A Saprissa lo matan el nivel de su banca y algunos errores de cálculo.

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Las goleadas ante Herediano y Alajuelense encendieron la alarma en Saprissa. El primero en dar la cara fue el técnico. Rónald González atendió a la prensa a corazón abierto. Pidió perdón a la gente y a los dirigentes. Deslizó su frustración y aseguró no entender por qué rinden tan mal, como si no se entrenaran.

A Saprissa lo matan el nivel de su banca y algunos errores de cálculo. Ahora que las lesiones lo privaron de estelares como Tejeda, Escoe, Madrigal y Ramírez, por mencionar a cuatro pacientes de su ilustre hospital, se evidencia el peso clave de las figuras sobre los reservistas.

Esas dos cachetadas frente a los aspirantes a disputar la final del Invierno, golpearon el orgullo morado porque bajaron a tierra el sueño campeonil de un equipo que arrancó con el acelerador pegado al fondo, picó en punta y luego se desinfló cuando Herediano retomó el paso.

En nuestro futbol, solo los florenses se vacunan contra las desventuras del torneo. El Team vigila el mercado muy temprano, identifica a las mejores figuras y las “palabrea” para llevarlas a sus filas. Así, cuando otros salen a entablar negociaciones, los heredianos ya vienen de regreso, contrato en mano. El resultado es un equipo protagonista de principio a fin, solvente en todas sus líneas, devoto del juego porque siempre privilegia jugadores de buen pie como manda su historia, más allá de los lógicos altibajos pues, al fin de cuentas, nuestro fútbol es así.

Y entonces, mientras una seguidilla de lesiones en Herediano sirve para que vean acción y se queden Anllel Porras y Minor Díaz, en Saprissa perder a Tejeda, Escoe y a Madrigal significa renunciar a la identidad que tanto le costó al técnico labrar e hipotecar el sueño de campeón.

La situación se agrava con el mal cálculo, porque en el camino se prescindió de dos goleadores empedernidos como Lagos y Colindres, que juntos suman 16 goles en Santos y Puntarenas.

Más allá de lesiones y esa manía de exiliar en equipos pequeños a figuras que pueden sacarlo del apuro durante una crisis, esta versión invernal morada es muy pálida en carácter y jerarquía. Porque si algo distinguió al Saprissa histórico que labró su leyenda ganadora a punta de títulos, fue la entereza para jugársela en la dificultad.

Los reservistas morados deberían repasar esa historia, para entender al menos el fenómeno que representa la camiseta que llevan.

Rónald González lo tiene claro. Porque después de pedirle perdón hasta la Dama Morada, dijo que lo importante en esta hora difícil es apuntarle a la cabeza y fortalecer la mente. Y le quedan las semifinales, posiblemente de nuevo ante la Liga, para salir de este laberinto.

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