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Magníficos

A la Uncaf sin memoria

La Selección es una víctima de las circunstancias. Se empachó de gloria en el Mundial y ahora que le corresponde volver al patio para administrar el prestigio va a la Uncaf desamparada.

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La Selección es una víctima de las circunstancias. Se empachó de gloria en el Mundial y ahora que le corresponde volver al patio para administrar el prestigio va a la Uncaf desamparada. Sin prácticas ni fogueos, con un timonel interino y dos rivales pintados como la Honduras de Medford y el Panamá del " Bolillo" Gómez, solo aporta un poco de paz la calidad de los convocados y el dominio de un estilo de juego que deparó éxito en Brasil.

¡Qué rápido perdimos la memoria! Cuando se pensaba que el octavo lugar en la cita ecuménica del fútbol marcaba un punto de inflexión para acercarnos al Primer Mundo, recaímos en la malsana práctica de la improvisación.

El triste final del ciclo Pinto, el advenimiento de un " Chope" con mácula que divide opiniones y la falta de espacios para que el equipo trabajara lo mínimo, son una película repetida de experiencias que creíamos superadas y que atenta contra los buenos propósitos.

A Paulo César hay que abonarle que, con todo en contra, se animó a armar una lista de convocados, dirigir dos microciclos de trabajo y apoyarse en un grupo de hombres que puede ahorrarle su primer dolor de cabeza al frente de la Sele.

El premio vale la pena: billete a la Copa América si se termina de primero en la Uncaf y la lección que supondría para un grupo de jugadores que no estuvo en Brasil, demostrar que se tiene lo necesario y más para cargar sobre la espalda el éxito de lo alcanzado en el Mundial.

Porfirio López, Juan Bustos Golobio, Johan Condega, Jonathan Moya y David Ramírez, por mencionar a cinco de nuestros futbolistas, se juegan mucho en este combinado, más allá de si llegan con las condiciones mínimas para rendir en condiciones óptimas en el torneo regional.

Todos poseen clase para ataviarse con la roja, apuntalar la base de legionarios llamada para este primer reto posmundial y levantar una copa centroamericana que se ha convertido en un logro recurrente, con equipos bien o mal preparados.

Antes de que llegue el técnico definitivo -y ruego a Dios para que no sea ni Reynaldo Rueda ni Luis Fernando Suárez y si los dirigentes desean saber por qué, pues que se miren en el espejo de Honduras- los futbolistas deben aprovechar cada convocatoria para tratar de abrirse un hueco en el equipo de todos.

El Mundial potenció el valor de pertenecer a la Sele, un equipo que se granjeó el respeto y simpatía del planeta por su orden, equilibrio y sentido para jugar cada pelota ganada.

De la convocatoria no digerí la exclusión de Elías Aguilar, un "10" de ensueño que puede aumentar el voltaje y el manejo de la Tricolor; tampoco la ausencia de Jameson Scott, un capataz de la zaga que va bien arriba y abajo, con un temple y una jerarquía indispensables en una selección.

Igual añoro el regreso de Anllel Porras al ataque del Herediano, para verlo dar después el salto al ataque de la Selección como cabeza de área o volante por afuera, en donde preparará o largará el grito de gol en partidos trepidantes y decisivos.

Por la gloria alcanzada, porque nos enseñó el camino, porque se ganó el respeto del mundo, porque nadie como ella es capaz de aglutinar el sentido de pertenencia y el amor al país, la Sele merecía ir a la Uncaf en óptimas condiciones. Es un derecho adquirido, es lo mínimo después de tanta felicidad.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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