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¿Quién se atreve?

Este torneo fue generosamente mediocre. Escasearon los juegos de alto voltaje emotivo y hubo pocas figuras. Costó ver tres pases seguidos.

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Como cualquier mortal, el futbol debería tener propósitos de Año Nuevo. Y sentarse a hacer el balance. Este torneo fue generosamente mediocre.

Escasearon los juegos de alto voltaje emotivo y hubo pocas figuras. Costó ver tres pases seguidos. Los jugadores se han vuelto devotos del músculo y la proteína. Muy pocos hacen toques de primera; la mayoría ignora qué son las triangulaciones.

Trasladan mucho y tocan poco. Hay una ausencia alarmante de fundamentos técnicos que atenta contra la capacidad para juntarse y tocar, que fue la huella genética del futbol tico. Los equipos están mal trabajados: el que ataca bien se defiende mal, y el que se protege más ataca muy poco. Falta balance. Los torneos cortos son antinaturales.

Alientan valores que perjudican el juego. Se fomenta el resultadismo, los técnicos no arriesgan, se acepta como normal “sumar a cualquier precio”. La forma y el cómo perdieron importancia. El mal perjudica a todos sin distingo de pergaminos. Un grande como Saprissa se autodestruyó en el momento ideal porque su entrenador se dedicó a cuidar un empate en casa.

Lo peor es que el futuro está hipotecado. A los entrenadores de las divisiones menores se les exigen resultados y no la preparación de futbolistas ideales para la Primera. Nadie trabaja en fundamentos básicos de técnica individual, como el control de la pelota. Las nuevas reglas del negocio pusieron de moda a los representantes, que frecuentan más el entorno familiar que los estadios. Y todos juntos, ávidos de una salvación económica, promueven el individualismo en un deporte de equipo.

Pero aún “quedan caras en que persignarse”. La fe inquebrantable de Luis Fernando Fallas en que el camino es jugar bien, es una bocanada de aire fresco. Al “Macho” Mora nunca le facilitan materia prima y jamás se traiciona: sus equipos proponen dentro de su humildad y respetan la pelota. Herediano es coherente con su historia…

De vez en cuando, aparece un gol como el segundo de la Liga ante los florenses, una jugada colectiva con precisión, velocidad y estupenda definición de Davis, que invita a pensar en que podría ser. Hay talentos emergentes como Elías Aguilar, digno heredero del “Pato” López.

Hay que retomar los viejos valores del juego. No se trata de promover la moda retro sino de darle su lugar a las cosas que en antaño hicimos bien. En mi niñez me deleitaron Leonel Hernández y “Pelirrojo” Córdoba.

Juan José Gámez y Fernando Hernández. José Manuel Rojas y “Yuba” Paniagua. Por la riqueza de su técnica, hoy jugarían en el Primer Mundo. Hay que hacer un cambio profundo para recuperar un estilo. Se impone romper el molde e inaugurar una nueva era. ¿Quién se atreve?

El que ataca bien se defiende mal, y el que se protege más ataca poco

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