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Magníficos

Un clásico de definiciones

Despejará el camino a la cima, rotulará al candidato para campeón y establecerá si como augura el momento de cada equipo.

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El clásico pondrá las cosas en su lugar. Despejará el camino a la cima, rotulará al candidato para campeón y establecerá si como augura el momento de cada equipo, la final del Verano se disputará entre los favoritos de siempre en la devoción popular.

Hoy Saprissa es más por una cabeza, envalentonado por la goleada al Santos. Encontró en la lógica de la billetera la paz que no tuvo campañas atrás y se perfila para surcar la frontera maldita de las semifinales, en donde se estrelló en la mayoría de sus últimas siete campañas.

Michel le imprimió seguridad al arco después de un arranque tambaleante. El panameño Machado desterró el fantasma de la fragilidad defensiva y el boliviano Saucedo no anota seguido, pero sus goles sirven de sedante para el orgullo de una delantera que ahora se tiene más fe.

Saprissa también atinó en el medio local, como lo demuestra el fichaje de Arauz, y ha recuperado la mejor versión del otrora díscolo David Ramírez. Pero hay un hombre clave en esta recuperación del que muy pocos se ocupan: David Guzmán. Campañas atrás a Guzmán se le erosionó la credibilidad futbolística por la inacción. Jugaba a ratos y erraba casi siempre. Era resistido por la afición, se perdía entre el coro de silbidos y aparecía como el candidato natural para salir del club en las rituales purgas postemporada.

Este Verano juega como el Rey David. Patrulla el medio, corta y sirve con criterio, se ofrece siempre para dar continuidad a la acción y descarga la pelota con sentido. Es el pilar del resurgir morado que se traduce en buen juego, llegada al arco rival y gol.

La Liga tampoco desmerece. Se bajó de la Concachampions por dos errores gruesos de McDonald y Sancho. Porque a Jonathan no le alcanzó con errar el penal que abría otro destino en el Morera, sino que desamparó a su equipo con una absurda expulsión en el Nemesio Díez.

Lo de Kevin es incomprensible. No andaba bien, como quedó claro en el partido en casa, y se equivocó en esa acción el martes, que parecía intrascendente y propicia para botar por el costado. Ahí se fue el partido y es una pena porque Alajuelense era más, había llegado dos veces y presagiaba gol.

En la transmisión de Fox Sport elogiaron su nivel. Destacaron el parado sobre el terreno, la función colectiva, el peso de las individualidades y el riesgo para Toluca. Pero vino el yerro y a esperar el siguiente torneo. Hay que darle continuidad al equipo porque la sensación es que está cerca.

En el torneo local puede sacar músculo y el clásico ofrece un escenario ideal para ratificar las pretensiones de título. Esta versión veranera es de buen ver. Con el rigor táctico que es sello de su técnico, toca más, juega con mucho sentido en el medio y golpea en la red.

El clásico aportará las primeras definiciones de la campaña. Las otras, las del título, se sabrán cuando se midan en esa que se perfila como una previsible final.

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