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MAGNÍFICOS

Primer peldaño a la Copa

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Cuba plantó un bosque de piernas para dificultar el arribo al portal de Odelín Molina. Parecía una estrategia de principiantes, pero le deparó frutos durante 45 minutos hasta que el zurdazo de Michael Barrantes puso las cosas en su lugar. Las cosas del futbol. El zurdo era uno de los puntos más bajos del equipo y candidato natural al relevo. No atinó una en la inicial. Sirvió mal todas las pelotas que recuperó y nunca acertó en largar el pase con ventaja ni en hacer progresar el juego. Pero en eso de castigos, Pinto es como un papá. Cuando el dedo acusador de la mayoría se erige en juez, señala y censura, el “Profe” prefiere esperar, hablar y corregir. Por lo general le depara resultados y esta vez también acertó. El Michael del complemento se reencontró con la mejor versión de sí mismo. Corto, sirvió, acompañó varias jugadas de ataque y se despachó con dos golazos. A veces vale más hablar que regañar. Barrantes elevó sus acciones como uno de los fijos del técnico.

Si la Copa Oro servirá para alcanzar un trofeo esquivo y depurar la lista de la eliminatoria y el eventual Mundial, hay otros futbolistas que deben mostrar más para aspirar a quedarse. Uno es Osvaldo Rodríguez. “El Pato” volvió a repetirse como punto flojo. Ni recostado sobre la derecha ni como organizador de juego. Mucho menos como conductor y salida, a pesar de llevar el “10”. Rodríguez acarrea muchas deudas y el tiempo se agota. La Sele no espera y uno siente que anda en busca del juego que lo saque de las sombras. Quizá sea hora de que Castillo irrumpa en escena y patente sobre la grama ese nivel que lo hizo insustituible en Cartaginés y que motivó al Saprissa a recuperarlo sin dilación.

Otro que no convence es Juan Diego Madrigal. Está claro de que el dueño de ese andarivel es Cristian Gamboa y que se busca una buena “sombra” que le meta competencia. La duda es cuándo tendrá oportunidad Carlos Johnson, quien tiene sentido para cortar, acompañar e inclusive culminar la jugada en el arco de enfrente. Ante Cuba los laterales pecaron de permisivos en el mano a mano por los costados, pues los desbordaron y dejaron pasar centros que pusieron en aprietos a los centrales. Lo mejor del bautizo en Copa Oro fue el 3-0 y la mejoría generalizada del complemento. Las dudas por algunas producciones individuales están planteadas, aunque es justo apuntar que más allá del mal juego de Madrigal, Rodríguez y el mismo Barrantes, colectivamente nada funcionó en esos 45 minutos. Ahora viene Belice. El rival no tiene con qué perturbar el sueño protagónico de la Sele, sobre todo tras el 6-1 que le propinó Estados Unidos. El primer examen serio será ante el local, la semana entrante, con el recuerdo frío de Denver en mente y lo que nos jugamos aquí el 6 de setiembre. Son dos juegos que nos pueden empujar a conquistas diferentes. Uno nos pondría en ruta al trofeo más esquivo de nuestra historia. El otro nos puede dejar en la escalinata del avión que lleva al Mundial. ¡Vamos Sele, que se puede!

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