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MAGNÍFICOS

El curioso caso de Kendall Waston

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Kendall Waston tiene un empeine en la cabeza. Impone sus 1,96 metros en las dos áreas y vive un presente inédito de regularidad y goles en el Saprissa. El destino compensa con creces una espera de casi ocho años desde su debut vestido de morado, en el 2006.

Marginado, desechado, olvidado… El defensa goleador inauguró un ritual en el futbol costarricense: correr tras él al final de cada campaña, para averiguar a dónde lo “desterrarían” esta vez.

Ese peregrinaje forzado lo llevó a destinos de todo nivel: Nacional de Uruguay en 2008-2009, Bayamón de Puerto Rico en 2009, la UCR en 2010-2011 y Pérez Zeledón en 2011-2012.

La lesión de Badilla y la ida de Robinson le abrieron un hueco en la formación estelar de un Saprissa que, ahora sí, encontró en una formación regular el nivel que requería para emparentarse con el protagonismo.

A los 26 años, Waston no reniega de su pasado, se tiene una fe del tamaño de su estatura y con cuatro gritos de gol en el Verano nos ofrece una versión mejorada y de alto vuelo.

El gigante es la vía más rápida del Saprissa para llegar al gol. En jugadas de pelota quieta sobre los costados o saques de esquina, martillea sin rival en las alturas y la emboca en la red.

Uno se pregunta: ¿por qué le tomó tanto tiempo a González preparar un libreto para capitalizar el juego aéreo de su espigado zaguero o por qué prescindió de él y lo exilió en Pérez Zeledón?

Kendall ha mejorado su remate de cabeza. No basta con ser un grandote y pegarle a todo lo que vaya por arriba: hay que saber saltar, escoger el momento justo, emplear la técnica correcta para golpear la pelota e imprimirle dirección al balón.

El zaguero domina todo ese manual, pero lo ha complementado con una saludable dote de recursos tácticos. Sabe cuándo salir o cuándo esperar para desarmar al rival en los últimos 25 metros, no se rifa en las barridas e inclusive se anima a tocar más seguido la pelota.

Esto denota que el jugador está en permanente aprendizaje. Otro aspecto destacable es su actitud mental: está fuerte, encara los partidos con la motivación al tope y juega al límite, con una concentración y ambición inmejorables, que nos dicen que el cascarón quedó atrás y que por fin es una realidad.

Hace un año era el topo morado, vivía en la oscuridad. Hoy, con la confianza al tope, es un estelar. Se lo merecía.

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