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La ilusión intacta

Cartaginés animó el torneo de principio a fin y el futbol saludó su regreso en plan grande.

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Cartaginés animó el torneo de principio a fin y el futbol saludó su regreso en plan grande. Es un histórico de vuelta, espoleado por una afición noble y pasional que lo adora más allá del desenlace sin título. Igual lo esperó en la madrugada del domingo sin corona. Javier planteó un partido, pero el destino le jugó al contraataque. Optó por un triple blindaje en el medio para administrar la ventaja adquirida en casa y erró. Alvarado no le encontró la medida al juego. Marcó mal, sirvió peor y falló el penal que decidió el título. Era relevo seguro en el complemento, para equilibrar cargas y rearmar el dibujo táctico, pero el árbitro empujó el juego por un despeñadero que Heredia capitalizó sin proponérselo para igualar el marcador global e irse arriba empujado por su gente.

El juez fue complaciente con la rudeza de Gómez. Ismael le demostró al 97% del país futbolero por qué lo apodan “Chucky” –no es por la cara-. Le partió una ceja a Johnson de un codazo y antes se le escapó otro rival por poquito. Ojo con él para el Invierno. Este fue el inicio de un rosario de desaciertos porque pitó penal y expulsó a Villalobos Chan por una acción que no vio, y antes dejó pasar una falta de Moreira al “Chiqui” en el área. Suena redundante, pero, “Mambo” partió ligeramente adelantado para el 2 a 0. La grandeza se forja en situaciones límite. Y en la agonía del partido, Lezcano igualó el global y obligó al alargue y a los penales. Al final, el título se decidió desde los 11 pasos y pudo ser para cualquiera. En Cartago hay tristeza, pero la ilusión está intacta. Esta vez no se dejaron contagiar por el insano victimismo y la pérdida de la corona -mitad planteamiento táctico y mitad errores arbitrales- sirvió para reafirmar el pacto con el equipo. Cartaginés desgranó muy buenas sugestiones este torneo. Dejó instalada en la mente de su gente y de los conocedores que el título es cuestión de tiempo, y de que Javier es el técnico ideal para alcanzarlo. Eso sí: al timonel le cabe la autocrítica. Ese equipo que plantó en la inicial difícilmente hacía un gol pues recargaba todo el peso del juego en la defensa. Cartaginés tenía mucho más de lo que mostró esa noche. Y para la afición fue un suplicio semejante planteo ultraconservador.

En estas instancias, la gente sueña con apostarle al juego, a su belleza en la ejecución, a la voluntad de ataque, a la precisión, velocidad, a la técnica, a la cohesión colectiva y al deseo de trascender el resultado. Quizá la moraleja sea que un Cartaginés así será el que tuerza el pasado de frustraciones.

El árbitro empujó el juego por un despeñadero que Heredia capitalizó.

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