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“Cartaguito” y la ilusión

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Cartaginés picó en punta. El pueblo azul delira y el círculo de escépticos masculla: ¿cuánto durará el encanto? Es lo malo de ser blanquiazul. Las rachas buenas carecen de credibilidad; las malas son lógicas porque se amparan en una sequía de 73 años sin título.

La ciudad de Cartago está distinta. Las sonrisas gobiernan los rostros, el equipo de Javier Delgado se impone como tema de conversación y las camisetas centenarias se apoderan del paisaje urbano los días de partido. Bocas malhabladas y cultas coinciden: “Cartaguito” vive.

¿Por qué sustentar tanto fervor en sólo tres victorias al hilo y el liderato momentáneo del Verano 2013, cuando el certamen apenas gatea? Porque los cartagineses son la única hinchada que nunca hipoteca la ilusión, a pesar de siete décadas de nada, de las bromas, de la etiqueta de “losers”, del “Muñeco” y de la maldición.

Lo mejor del Cartaginés es su gente. El “Fello” Meza se llena de futuro cada jornada; escasean las canas; domina la juventud. Voces frescas gritan los goles de Paolo, de Johnson, de Arauz... Y cada vez que un azul sacude la red, el coro “Vive, vive, Cartago vive”, se levanta como un himno reivindicador de la gloria esquiva.

A ellos no hay que pedirles, hay que darles. Con un 10 por ciento de la entereza y la ilusión de su gente, el equipo sería campeón e inauguraría un largo reinado. Javier tiene que jugar un partido aparte en la mente de sus futbolistas. Ahí anida la debilidad que explica los fracasos recurrentes, la propensión a las caídas anímicas, el miedo al protagonismo y la “cartagada” de costumbre.El onceno debe estar a la altura de su afición. Este es un valor clave, lamentablemente olvidado. Y el premio dará boleto a la inmortalidad. ¿Adónde ubicará la historia al entrenador y a la plantilla que saquen campeón al Cartaginés? En un lugar aparte, superior, que no ocuparán jamás Saprissa, Alajuelense o Herediano, al menos que les tome 73 años volver a ganar un certamen.

El título azul será único y tendrá repercusión planetaria. Es irónico porque, en la raíz del drama por la larga espera, radica justamente la dimensión que alcanzaría la conquista. Delgado debe aprender las lecciones de la historia para no repetir los errores que facturaron caro. Los campeonatos del pasado se perdieron por errores muy puntuales y arbitrajes vergonzosos. No mediaron “muñecos” ni maldiciones.

El “Ballet Azul” versión 69’, el elenco del 73’, el del 75’, el del 77’ y el del 79’ perdieron la corona porque sus porteros fallaron el día en que el equipo se jugaba la gloria. Y en las finales del 87’ y del 92-93’, los yerros de los jueces lo impidieron. Como ironizan los cartagineses: las pifias arbitrales se llevaron la posibilidad del título, pero no la ilusión.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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