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MAGNÍFICOS

Un papelón innecesario

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La Selección fue al fin del mundo e hizo un juego para el olvido. La mano vino mal desde el inicio: Bryan se bajó del avión porque quería recotizar sus acciones en el Fulham, una lesión nos privó de Keylor, a Bolaños se le presentó el milésimo contratiempo familiar, y Saborío y Acosta no fueron porque estaban en recuperación. Lo peor fue la pobre exhibición. Australia no es nada en el planeta futbol, estrenaba técnico y ya jubiló a su mejor generación. En síntesis, es una suma de modestias, pero igual le alcanzó para adoctrinarnos acerca de “pressing”, desmarcación, cambios de frente y pelotazos con sentido.

Embarcarse en un vuelo de casi 16 horas para no mostrar nada, parece una apuesta sin sentido, una forma pueril de dilapidar el prestigio mundialista y de abrir un innecesario frente de duda cuando deberíamos estar aceitando la propuesta para el Mundial. Uno se pregunta: ¿por qué seguimos probando gente, qué hacía un Carlos Hernández en su peor versión en años y cómo es posible que en 90 minutos fuésemos incapaces de presionar al rival, ganarle la pelota y darla con ventaja para los que jugaban arriba? Hay cosas que no me gustan.

El Profe pidió siete fogueos de nivel para apuntalar el equipo y ya perdimos el primero. No me refiero al resultado, de por sí vergonzoso, sino a la calidad de la exhibición.

Pienso que hay responsabilidad del técnico cuando persiste en ensayos de figuras. La lista ya la tiene y debería priorizar con los 23 que viajarán a Brasil. Otro aspecto cuestionable es la facilidad con que algunos futbolistas se desmarcan de un fogueo. Salvo en caso de lesión, se debería ser inflexible. ¿O qué imagen se transmite al resto del plantel que sí hace el esfuerzo para estar presente, como Joel o Celso, Gamboa y Oviedo, Júnior y Duarte, por ejemplo?

La Sele es la representación nacional y estamos en el Mundial porque todos aportamos lo que nos correspondía para materializar el sueño. Y nadie debería sentirse seguro en la cita ecuménica del fútbol, sin importar si se llama Pedro o Juan. En Alemania 2006 hicimos un papelón porque el técnico de turno privilegió a una generación de futbolistas en declive. Dio a entender que la mejor manera de despedirlos era llevándolos al Mundial, más allá de si estaban en su mejor nivel. Y ese tour social terminó con la Sele en el penúltimo lugar.

Dilapidamos el prestigio ganado en el brillante Mundial de Corea y Japón, que él mismo labró con planteos audaces; las valoraciones de la prensa planetaria por aquel juegazo ante Brasil. Y hasta salió salpicado el mágico verano italiano de Italia 90’. Sería bueno ir completos a los seis fogueos restantes, actuar a tono con la estatura mundialista que nos costó tanto ganar y disipar esas señales de desconcierto que a veces nos empeñamos en fabricar. Lo de Australia fue un papelón innecesario y preocupante.

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